Entrevista a Juan Iñigo Carrera: “La acumulación de capital en América Latina y la clase obrera”

Entrevista realizada a Juan Iñigo Carrera (JIC) como antesala al seminario “El capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia” dictado en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano de Chile, entre el 5 y 12 de enero de 2016, en el marco de las “Jornadas de Crítica de la Economía Política. El Desarrollo Capitalista: Capital, Renta, Clases y Alternativa Política” , organizado por el Centro de Investigaciones Socioeconómicas e Históricas (CISOH)
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Entrevista a Manuel Sutherland: “Crisis económica explotará en 2016”

Economista Manuel Sutherland

La crisis económica es la madre de la derrota que sufrió el gobierno en las elecciones parlamentarias del 6D”, aseguró Manuel Sutherland, economista egresado de la Universidad Central de Venezuela e investigador, en entrevista con La Razón.

El país votó por la MUD para revertir la espantosa situación económica“, agregó. “Fue un grito para que mejore la economía, sin embargo, las decisiones en esta materia no le corresponden a la Asamblea Nacional (AN)”, indicó.

Sutherland destacó que la crisis económica se ha tornado demasiado fuerte y eso hace imposible que cualquier gobierno o parlamento pueda recibir apoyo electoral. “La oposición nunca imaginó que iba a obtener una cantidad extremadamente grande de votos”, acotó.

El presidente Maduro dijo que la guerra económica había triunfado el 6D, ¿qué opina usted?

El gobierno sigue con una idea equivocada de la crisis, de hecho, la niega y se inventa la tesis de la guerra económica. Esto no tiene ningún sustento práctico ni empírico. Si insisten con el tema de la guerra económica, es poco probable que arreglen todos los problemas más difíciles que enfrenta la nación.

La economía podría empeorar

¿Cuáles son los principales problemas económicos de Venezuela?

El principal problema económico es la masiva fuga de capitales. Venezuela es el país con la mayor fuga de capitales en el mundo en relación al tamaño de su Producto Interno Bruto. El total de esa fuga en los últimos quince años se calcula en 300 mil millones de dólares y esto ha destrozado el respaldo en divisas de nuestra moneda. A medida que no hay contraprestación de esa fuga, la moneda pierde valor y esto se expresa en el aumento de los precios de los bienes, es decir, inflación.

¿El alto circulante de dinero afecta a la inflación?

La política del gobierno ha sido la monetización del déficit. Desde el año 1999 hasta 2015 la base monetaria ha aumentado en 17 mil por ciento. Toda esa cantidad de dinero es inorgánico y eso destroza el poder adquisitivo y hace que los precios de las mercancías se disparen.

¿Cómo está perjudicando la inflación al salario de los trabajadores?

La inflación, evidentemente, se ha comido el salario promedio de la población y ha ido junto al crecimiento de la escasez de alimentos, medicinas y bienes. Es más rentable para los empresarios el vender sus productos a los buhoneros y clínicas que colocarlos a precios regulados en los supermercados. Por tanto, no hay disponibilidad de mercancías reguladas. A esto se une el bachaqueo, una actividad que consiste en comprar mercancía regulada para luego venderla a precios de mercado. Esto crea una situación explosiva que, tomando en cuenta como viene la economía, podría empeorar.

2016 será mucho peor

¿Qué le espera al país si los precios del crudo siguen cayendo?

Se prevé que el año que viene los precios del petróleo sigan bajando, por tanto, los ingresos del país. Pasará lo mismo con los ingresos de los tributos debido a la contracción tremendamente severa que sufrirá la economía venezolana.

Si, en realidad, se trata de una guerra económica, ¿el gobierno está trabajando para derrotarla?

Es, simplemente un cuento de camino. El gobierno debe entender que la base de su derrota es el tema económico. Es lo fundamental que tiene que resolver todo gobierno. Asimismo, el proceso de acumulación de capitales está actualmente en crisis. Considero que esta es la crisis económica más grave en la historia de la República y creo que terminará de explotar en el año 2016. Desgraciadamente, el gobierno se niega a reconocer la magnitud y profundidad de la crisis. Por tal razón, dificulto que plantee soluciones que sean radicales.

Si no se admiten la realidad, las soluciones quedan en veremos, ¿qué nos espera para el 2016?

Si el gobierno y los economistas que lo asesoran continúan pensando que se trata de una conspiración mundial, estarían demostrando que no entienden sobre la verdadera naturaleza los problemas económicos. Por ende, no podrían plantear planes para resolverlos. Repito, estamos ante la crisis más profunda que ha tenido el modo de producción capitalista en nuestra historia. 2016 podría ser el año tope de la explosión de esta crisis: si el 2015 fue malo el 2016 podría ser mucho peor.

¿Por qué será peor?

El ajuste macroeconómico que se ha desarrollado no ha terminado de explotar y eso ocurrirá en 2016. Es probable que, finalmente, se decida aumentar el precio de la gasolina porque ya no se puede sostener; tampoco se puede sostener el tipo de cambio a 6,30 bolívares, ni tampoco a 12, ni 50: un nuevo cambio debería estar entre 180 y 250. Esta sería la devaluación más grande de la historia del país. Asimismo, la liberación de los precios de mucha mercancía regulada y se disparen diez o veinte veces por encima. Las medidas serían drásticas, se destruirían los recientes aumentos salariales y llevarían al país a una crisis realmente severa y lamentable.

Moratoria de la deuda

¿A cuánto llegará la inflación en 2016?

Es muy difícil preverla porque no sabemos, oficialmente, la de 2015. Es una negación grosera no publicar las cifras y no conocer este dato pues dificulta el estudio de esta variable para el año que viene. La inflación podría llegar a tres dígitos largos cuando sean liberados los precios de los productos que hoy están regulados. Si actualmente está en 100%, el año que viene podría llegar al doble o triple.

¿Qué deben hacer el gobierno y la próxima AN para evitar esa situación?

En economía hay dos corrientes: la liberal y la marxista. La liberal plantea el ajuste drástico de la macroeconomía y su consecuencia es el empobrecimiento de la población que depende de los salarios. La corriente marxista señala que es necesario subir los precios de muchas cosas que tienen rezagos importantes y que no tienen relación con sus costos de producción. Este incremento debe acompañarse de medidas que no afecten de una manera tan fuerte a la población obrera; asimismo, una distribución radical de la renta petrolera y medidas contra la clase capitalista que ha explotado al pueblo venezolano. Los marxistas también plantean la nacionalización de la banca y del comercio exterior, plantean una moratoria en el pago de la deuda externa e interna por algunos años para recuperar la economía y no condenar al hambre a millones de personas.

¿Quiénes o cuáles sectores se han enriquecido con la crisis económica y el sufrimiento de la gente?

Ha habido muchos empresarios que han resultado con graves pérdidas económicas durante este año. Pero, aquellos empresarios parásitos que se dedican más a la especulación de divisas o mercancía son quienes han sido más favorecidos con esta arquitectura financiera demencial. Los empresarios que se han dedicado al contrabando, a pedir préstamos al Estado para comprar productos en el mercado paralelo y luego revenderlos, quienes se han dedicado a las importaciones fraudulentas, se han hecho multimillonarios. Hay grandes beneficiarios de esta crisis y son delincuentes que han recibido el apoyo de burócratas que han robado en conjunto con estos empresarios, y todos ellos han hecho inmensas fortunas con la necesidad de la gente de adquirir alimentos y medicinas.

La gente se retira de los empleos

¿Cómo proteger el ya deteriorado poder adquisitivo del salario de los trabajadores?

Una medida fundamental es dejar la impresión de dinero inorgánico, eso contribuirá a detener el aumento de la inflación. Otra medida, como ya dije, es declarar una moratoria en el pago de la deuda externa para invertir esas divisas en un proceso radical de industrialización y agroindustrialización que permita crear empleos de calidad y con salarios relativamente medianos. Asimismo, hay que tratar de lanzar planes de inversión de infraestructura donde se pueda utilizar mano de obra productiva. De igual manera, abandonar el otorgamiento de créditos a pequeños y medianos empresarios y llevar esos recursos a la construcción de infraestructura.

¿Se ha perjudicado la creación de fuentes de empleo?

Las estadísticas dicen que el desempleo es muy bajo, ronda el 6 o 7%. Lo que pasa es que muchas personas se han retirado de sus empleos porque el salario es demasiado bajo y, por ende, se han ido al bachaqueo, negociación con las divisas, contrabando, compra y venta de artículos, clientelismo con el Estado. Esta es una de las razones por las cuales las personas no buscan empleo.

¿Es posible repatriar los capitales fugados mediante la aprobación de una ley en la nueva AN?

Se estima que se han fugado 300 mil millones de dólares, ello equivale al PIB de un buen año petrolero, con ese dinero que podrían construir 200 líneas del Metro de Caracas, equivale a 100 veces el valor de Sidor, a tres planes Marshall (que sirvió para reconstruir a Europa después de la Segunda Guerra Mundial).

Giordani tomó medidas nefastas

¿Qué opina de la liberación del mercado de la divisa que decretó el presidente Mauricio Macri en Argentina?, ¿sería positiva esa medida en Venezuela?

Para la clase obrera esas son medidas de corte negativo. Argentina tiene una moneda bastante débil y con esa medida ya se produjo una devaluación del 40%. Eso reduce el poder de compra de la clase obrera argentina y le dificulta el acceso a los alimentos y mercancías vitales.

¿Los exministros del gobierno de Chávez y Maduro, tales como Jorge Giordani y Héctor Navarro, tienen cuota de responsabilidad frente a la crisis económica que vive Venezuela?

Giordani es, de alguna forma, responsable de medidas económicas realmente desastrosas. Fue ministro de Planificación y Economía y Finanzas, y estuvo muchos años al frente de la dirección de la economía nacional. No tomó las medidas necesarias sino las más nefastas, y nunca levantó su voz para protestarlas o tratar de cambiarlas. Que ahora exprese de manera tardía sus críticas no lo exime de su responsabilidad.

“La corrupción es un cáncer”

¿Se avanzó en la consolidación de una economía socialista en Venezuela?

No hay ningún avance importante en la creación de una economía alternativa que desplace a la economía capitalista. Se ha confundido la economía socialista con los gallineros verticales, comunas y conucos, y esto se denomina pequeña producción mercantil. Esta no será socialista ni tiene nada que ver con el proyecto revolucionario.

¿El Parlamento Comunal debe tener participación en el mejoramiento de la economía nacional?

Las comunas deben organizarse mejor y de manera más formal para impulsar un parlamento que recoja las propuestas de la población que vive y construye comunas. Ahora, las comunas no tienen potencialidad económica para desarrollar industrialmente al país ni tampoco la producción de manera importante. Las comunas son pequeñas unidades de producción mercantil con escalas muy pequeñas.

¿Combatir la corrupción es fundamental para el reajuste económico?

La corrupción es un cáncer brutal que sufre el país. Este flagelo se ha masificando, estandarizando y hasta legalizando. Lo peor de la corrupción se expresa en la fuga de divisas, recursos que pueden invertirse en la producción industrial, infraestructura y construcción de viviendas. Hay que buscar formas para hacer más transparente y auditable al gobierno y también a las empresas privadas.

Entrevista realizada por Carlos Díaz. Diario La Razón

Entrevista a Steve Ellner (Parte I). Por: Evaristo Marcano Marín

Esteve EllnerSteve Ellner es un destacado investigador de la situación política venezolana y de América Latina y es profesor jubilado de la Universidad de Oriente. Ha publicado veintenas de artículos en revistas académicas y más de una docena de libros. Su último, La izquierda radical en América Latina: Complejidades del poder político en el siglo 21, compilado por él, será publicado por CELARG en 2016.

Como docente universitario, ha sido invitado por destacadas universidades, entre las cuales mencionamos: Universidad Central de Venezuela (1994-2001), St. John Fisher College en Rochester, NY (2001), Georgetown University (2004), Duke University (2005), Universidad de Buenos Aires (2010), Australian National University (2013) y ahora Tulane University, y ha dado clases en la Columbia University (2011) y Johns Hopkins University (2012).

Recientemente se produjo una nueva edición de su libro el “Fenómeno Chávez donde hay un visión crítica sobre la historiografía en Venezuela y hay puntos críticos sobre cómo una tendencia dentro del chavismo asume una posición sobre las fuerzas de abajo o que vienen de abajo.

Evaristo Marcano: En un artículo suyo publicado en New Left Project, usted habló de las políticas pragmáticas y populistas del presidente Chávez y Maduro. Pero ese lenguaje puede prestarse a confusión. La oposición atribuye las dificultades económicas que enfrenta Venezuela en la actualidad a las políticas adoptadas por el Presidente Chávez desde el inicio de su gobierno y las llama “populistas” y “pragmáticas”. Alegan que esas políticas representan una especie de pecado original que condujo inevitablemente a los problemas de ahora. ¿Este planteamiento tiene algún fundamento?

Steve Ellner: Los términos populismo y pragmatismo tienen muchas connotaciones y algunas son contradictorias. Pero cuando la oposición habla de ambos están refiriéndose a lo que se puede llamar el “populismo barato” y el “pragmatismo barato.” Las políticas de Chávez eran todo lo que alguien pueda suponer, pero  desde donde se venía con un cuadro de miseria generalizada, esas políticas  que impulsó Chávez, no pueden calificarse de populistas y menos con el calificativo  de  baratas.

E.M. Deme un ejemplo de las políticas pragmáticas a las cuales se refiere.

S.E. Si la palabra pragmático significa ser realista, Chávez actuaba en ese sentido durante y después del paro petrolero, cuando el gobierno se alió con los empresarios que se negaron a sumarse al paro. Políticamente, Chávez tenía toda la razón de actuar en contra de FEDECAMARAS. Desde su fundación en 1944 FEDECAMARAS alegaba que no podía asumir posiciones políticas, y por eso se negó a defender al gobierno de Rómulo Gallegos en 1948 (como Samuel Moncada demuestra en su libro Los huevos de la serpiente) y se negó a oponerse al gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez casi hasta al final de su régimen. Pero durante la campaña electoral de 1998, los portavoces de la organización empresarial se opusieron abiertamente a la candidatura de Chávez. Pedro Carmona, por ejemplo, advirtió que si Chávez ganaba en diciembre, liquidaría el sistema democrático, al mismo tiempo que alabó a sus contrincantes (ver El Universal, 15 de agosto de 1998, página 2-2). Luego en 2002 FEDECAMARAS – más que los partidos políticos y la dirigencia sindical anti-chavista – fue el actor principal en los dos esfuerzos de derrocar al gobierno democrático.

E.M. ¿Qué significa en la práctica esa relación amistosa con los empresarios disidentes?

S.E. El anuncio por parte del Presidente Chávez a raíz del paro petrolero de “ni un dólar más para los golpistas” marcó el comienzo de una política de favorecer a los empresarios que rompieron con FEDECAMARAS, a costa de los que apoyaron el paro. Como resultado, comenzó a surgir un grupo de empresarios emergentes, algunos de los cuales eran de origen árabe. El caso más prominente de los nuevos ricos fue el empresario transportista Wilmer Ruperti, quien importaba gasolina en tanqueros alquilados de los rusos en un momento durante el paro cuando la producción nacional llegó casi a cero. Otro empresario pro-chavista, Miguel Pérez Abad, quien dirige Fedeindustria y es miembro del PSUV, ha aspirado cargos públicos. Pérez Abad y otros empresarios pro-chavistas articulan los intereses del sector privado al mismo tiempo que defienden al gobierno. Por ejemplo, plantean que la aceptación de Venezuela como miembro pleno del MERCOSUR fue un éxito para el gobierno que abrió grandes oportunidades para las empresas venezolanas en el mercado extranjero. Además, sostienen que el gobierno ha logrado aumentar la producción nacional pero también ha aumentado el poder adquisitivo de los venezolanos, y por eso es necesario agilizar los procedimientos burocráticos con el fin de facilitar las importaciones. Los empresarios pro-chavistas regularmente asisten a las reuniones y asambleas convocadas por el gobierno y sus pronunciamientos públicos generalmente contrarrestan el discurso neoliberal de FEDECAMARAS. Así que la alianza con los empresarios emergentes ha dado cierto resultado en el plano político.

Sin embargo los criterios políticos de los empresarios emergentes no siempre coinciden con los del gobierno. Toma, por ejemplo, el caso de Alberto Cudemus, quien como candidato a la presidencia de FEDECAMARAS en dos oportunidades abogó por relaciones amistosas con el gobierno y luego se retiró de la organización. Gracias a los contratos para el suministro de cerdo a las redes alimentarias del Estado, Cudemus llegó a ser el empresario más importante de ese rubro. Sin embargo, en 2014 Cudemus pareció ser partidario del neoliberalismo cuando criticó la Ley de Precios Justos por representar un retroceso en los conceptos intervencionistas de los años 60. También atribuyó la deficiente productividad de la economía venezolana a la Ley Orgánica del Trabajo de 2012, cuya redacción fue obra de una comisión dirigida por Maduro, cuando era canciller. Luego Maduro, ahora como presidente del país, arremetió contra Cudemus cuyos argumentos coincidieron con los de Jorge Roig, presidente de FEDECAMARAS. El caso de Cudemus demuestra las limitaciones de la estrategia de alianzas con los empresarios emergentes.

E.M. Usted dice que la política de favorecer a un grupo de empresarios emergentes fue relativamente exitosa en el plano político. ¿Y en el campo económico?

S.E. Sobra la evidencia de que la alianza con el sector emergente ha tenido resultados dudosos desde el punto de vista económico. El desenlace decepcionante se puso en evidencia con la crisis financiera de 2009, que implicó a algunos de los empresarios que emergieron durante el paro petrolero y estuvieron entre los detenidos por el gobierno de Chávez cuando expropió más de trece bancos. El más próspero de ellos fue el transportista Ricardo Fernández Barrueco con una fortuna estimada en más de mil millones de dólares y cuyas compañías principales fueron confiscadas mientras que él pasó tres años detenido. Durante su detención, se defendió con un argumento neoliberal. De acuerdo con Fernández, Chávez promovió la industria nacional en sus primeros años, pero después de declararse socialista en 2006 adoptó políticas intervencionistas que quebraron la producción nacional y condujeron al descalabro financiero de 2009.  El escándalo de los 20 mil millones de CADIVI también involucró a algunos de los empresarios emergentes, así como a empresas tradicionales y a multinacionales.

E.M. Lo que usted plantea va en contra de la vieja estrategia del movimiento comunista pro-soviético de aliarse con la llamada “burguesía progresista”.

S.E. En la época del frente popular contra el fascismo en los años 30 e inclusive en las décadas siguientes, esa estrategia tenía sentido, a pesar de que exageraron mucho el papel progresista de la llamada burguesía nacional. Pero desde los años 80 en la época de la globalización, la burguesía nacional en los países latinoamericanos ha dejado de ser “nacional”. Lejos de representar una burguesía “compradora” con una función gerencial o administrativa, la burguesía latinoamericana cuenta con algunos de los hombres más ricos del mundo, como Carlos Slim y el fallecido Lorenzo Zambrano de México, Álvaro Noboa de Ecuador, el fallecido Julio Mario Santo Domingo de Colombia, Andrónico Luksic de Chile y Gustavo Cisneros. Ahora está más estrechamente vinculada con el capitalismo global que en el pasado.

E.M. ¿Esa transformación incide en la estrategia revolucionaria?

Chávez abogó por una “alianza estratégica” con los llamados “empresarios productivos”, pero ese planteamiento fue criticado por algunos analistas de la izquierda como Luis Bilbao (ver suVenezuela en revolución: el renacimiento del socialismo, p. 196). Sin embargo, la verdad es que ni Chávez ni Maduro, que también habla de los “empresarios productivos”, realmente tenían en mente una “alianza estratégica” que significa un alto grado de confianza entre las dos partes y metas en común a largo plazo. Lo que está planteado es lo que yo llamaría una “alianza táctica” con un alcance mucho menor y objetivos limitados. Por ejemplo, cuando el gobierno dialogó con representantes de FEDECAMARAS el año pasado, en el marco del diálogo de paz, el objetivo era salir de la violencia generada por la guarimba, y ahora el objetivo es superar problemas coyunturales como la inflación, la escasez y las fallas en la distribución de bienes.

Por cierto Chávez reconoció lo frágil de cualquier entendimiento con los empresarios. Sostuvo que la burguesía venezolana era “transnacionalizada”, tenía una mentalidad rentista y era menos dispuesta asumir riesgos que sus equivalentes brasileños y de otros países del continente. Inclusive, varios años antes de que el dólar se disparara en 2012, Chávez acusó a la burguesía de inflar los precios de los productos importados con el fin de estafar a CADIVI. Como solución abogó por la estatización de las importaciones (ver http://www.aporrea.org/media/2014/09/burguesi_a_transnacionalizada2.mp3).

E.M. ¿No hay ningún apoyo dentro del chavismo para una alianza estratégica?

Luis Miquilena era partidario de una alianza estratégica con el sector empresarial. Como jefe de finanza de la campaña presidencial de 1998, estableció relaciones con grupos económicos de los grandes, tanto venezolanos como extranjeros, como, por ejemplo, el  banco español Bilbao Vizcaya (dueño del Banco Provincial), como también el actual opositor Tobías Carrero. Además, Alejandro Armas, una ficha de Miquilena, quien dirigió la Comisión de Finanza de la Asamblea Nacional, fue acusado de estar vinculado con intereses financieros. No sorprende que la primera Ministra de Hacienda era Maritza Izaguirre del Banco Interamericano de Desarrollo pero duró solamente cinco meses en el cargo. Por cierto, un punto de honor de Chávez fue que después de Izaguirre, ningún representante empresarial ocuparía puestos en la formulación de política económica, como sí ocurrió en la cuarta en el caso de casi todos los Ministros de Hacienda, Cordiplan, Finanza y los presidentes del Banco Central. Además, el triunfo electoral de Chávez en 1998 se debió a la creencia muy generalizada entre los votantes que la corrupción en Venezuela no era solamente por culpa de los políticos, sino también del sector privado. Ese hecho fue demostrado empíricamente por la politóloga norteamericana Leslie Gates en su libroElecting Chávez.

E.M. ¿Qué pasó después de que Miquilena salió del movimiento chavista en 2002?

Aurora Morales, quien dirigió el departamento de formación ideológica del Movimiento Quinta República, me dijo en una entrevista que la tesis de Miquilena de una alianza estratégica con representantes del sector privado fue derrotada dentro del MVR en 2002 cuando él salió del campo chavista. Sin embargo, en los años siguientes su posición fue defendida, aunque menos explícitamente, por Luis Alfonso Dávila, quien dirigió una corriente chavista, lo que algunos chavistas llamaron la tendencia “derechista”. Dávila también fue derrotado en las elecciones internas del MVR en 2003 y luego abandonó las filas chavistas.

En el pasado reciente la tesis de una alianza estratégica con una burguesía productiva ha sido defendida por Temir Porras, quien fue vice-ministro de relaciones exteriores y secretario ejecutivo de Fonden antes de salir del gobierno. Porras abogó por una política de fomentar la producción nacional capitalista con el fin de limitar las importaciones. Ese récipe rememora la época de la política de sustitución de importaciones de hace medio siglo atrás. Al mismo tiempo, Porras propuso una estrategia “pragmática”. En un artículo publicado en Rebelión en junio del año pasado, Porras preguntó “¿quién puede negar que el pragmatismo es una virtud extremadamente necesaria en las circunstancias complejas que vivimos”? y agregó “el Maduro pragmático nos hace mucha falta”. Por cierto, usó las palabras “pragmatismo” y “pragmático” no menos de diez veces en el artículo. Para Porras y otros, las políticas pragmáticas están diseñadas paragarantizar la estabilidad y la consolidación de los logros alcanzados desde 1998. Por supuesto, la estabilidad y la consolidación son deseables, pero como banderas pueden frenar la profundización del proceso de cambio. Una vez que se privilegia la estabilidad a costa de la lucha y se desenfoca la centralidad e inevitabilidad del conflicto, el resultante enfriamiento del ánimo popular conduce a reveses.

E.M. ¿Cómo se manifiesta la “alianza táctica” que usted menciona a nivel local?

S.E. La misma política de alianza se aplicó a nivel local. El razonamiento fue lo siguiente: Después de varios esfuerzos de tumbar al gobierno, y después de la violencia y los disturbios generados por la guarimba, y con una oposición que no reconoce la legitimidad del gobierno, hay que tomar en cuenta que la situación en Venezuela no es normal. El anuncio de Chávez de “ni un dólar para los golpistas” apuntó a una política a nivel local de evitar el otorgamiento de contratos a grupos que apoyaron el golpe de estado y el paro petrolero. El argumento era: ¿por qué el gobierno va a asignar dinero a alguien que va a usar parte de la  ganancia para apoyar un movimiento subversivo? El argumento demostró el grado en el cual la polarización política había abrumado al país. De todos modos, la aceptación de ese criterio exige nuevos mecanismos para garantizar la transparencia en el otorgamiento de contratos. La contraloría social es esencial, y por esa razón la entrega a los consejos comunales de los proyectos de las obras en sus comunidades respetivas reviste de una gran importancia.

E.M. ¿Si el gobierno está aliado con una burguesía emergente, por qué FEDECAMARAS aceptó participar en el diálogo de paz el año pasado?

S.E. La decisión de castigar a los empresarios de FEDECAMARAS por su actividad insurgente en 2002 los golpeó y puede explicar su receptividad a la solicitud del gobierno de sentarse y dialogar en 2014. La aceptación de FEDECAMARAS a la iniciativa del diálogo de paz, realizado en Miraflores, representó un éxito político para el Presidente Maduro. Ocurrió en un momento en el cual los líderes de la oposición agrupados en la MUD rechazaron la propuesta del gobierno y así significó una ruptura entre los anti-chavistas políticos y la clase empresarial, algo muy contrario a lo que pasó en 2002. Al mismo tiempo, la posición más conciliatoria del gobierno hacia FEDECAMARAS durante la guarimba representó un reconocimiento por parte de los chavistas que los empresarios emergentes no fueron capaces de convertirse en una fuerza productiva que podría reemplazar los grupos económicos tradicionales. Más recientemente, el anuncio de Maduro en abril de no otorgar dólares preferenciales a FEDECAMARAS también surtió efecto políticamente. Pocos meses después la organización empresarial eligió como presidente a Francisco Martínez, quien inmediatamente hizo un llamado al entendimiento entre los dos entes, al mismo tiempo que reconoció los errores cometidos por FEDECAMARAS en el pasado. Sin embargo, una postura conciliatoria no implica un cambio en el frente económico. Pudiese ser que FEDECAMARAS decidió abandonar el papel de opositor político que había desempeñado anteriormente, porque considera el frente económico como un campo de batalla mucho más efectivo.

E.M. ¿Antes de comenzar la segunda parte de la entrevista sobre las políticas populistas, puede resumir sus conclusiones principales referente a las relaciones del gobierno chavista y el sector privado?

S.E. En el campo político la alianza tácita o táctica con los empresarios que se han beneficiado de las vinculaciones con el Estado ha servido para fortalecer la posición del gobierno frente a la agresividad de grupos opositores, incluyendo FEDECAMARAS. Pero los empresarios supuestamente aliados no han sido confiables, no han llenado las expectativas de la dirigencia chavista y están muy lejos de ser consistentemente “productivos”. Ese dilema demuestra que una etapa de consolidación y armonía en la vía al cambio estructural o el socialismo es poco probable. El camino necesariamente está lleno de contradicciones, conflictos y luchas. Es necesario preparar al pueblo para ese tipo de escenario y no sembrar un exceso de optimismo que minimiza los desafíos en el proceso de cambio verdadero.

Una segunda conclusión es que un gobierno comprometido con el socialismo pero con una economía (o “estructura”) capitalista no puede ser inmune a la presión empresarial a pesar de que los empresarios no cuentan con representantes en las altas esferas del Estado (como sí fue el caso en la cuarta república). Nicos Poulantzas, el gran teórico sobre el Estado, de tendencia marxista, describió esta dinámica metafóricamente cuando postuló que a pesar de los compromisos y lealtad de los líderes en el poder, el Estado es “una relación de las fuerzas” de la sociedad y más específicamente la “condensación” de ellas (entrevista con Poulantzas enMarxism Today, julio de 1979, página 197). En otras palabras, el Estado hasta cierto punto internaliza los intereses del sector privado aun cuando no tiene representantes de esa clase en su seno. Este planteamiento conduce a la siguiente observación: si el gobierno socialista no profundiza el proceso de cambio y no abre canales para la participación popular y la autocrítica, con el tiempo la influencia empresarial se institucionalizará y los logros revolucionarios corren el riesgo de ser desmantelados.

NOTA: La Pipa Rota no suscribe las opiniones del entrevistado. Sin embargo, consideramos de importancia algunos elementos introducidos que aportan a la caracterización de la realidad política venezolana.

Entrevista a James Petras: No creo que Dilma llegue a terminar este año

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Entrevista realizada por: Efraín Chury Iribarne, CX36 Radio Centenario

Efraín Chury Iribarne (EChI): Buenos días James Petras, el gusto de saludarte. ¿Cómo estás?

James Petras (JP): Estamos muy bien, en pleno verano, con grandes cosechas de tomate haciendo conservas para prepararnos para el tiempo malo, como una salsa marinada para los fideos.

EChI: Pese a lo tiempos de crisis estás bien.

JP: Bueno, la crisis es todo relativo. Los que tienen trabajo y están bien pagos, no creen que haya crisis. Los que no tienen trabajo o tienen trabajo precario están muy molestos, muy inseguros.

Aquí todo pasa por el trabajo. Si uno se siente bien es porque tiene un trabajo seguro y bien pago y puede cumplir con las deudas. Los que no tienen dinero o tienen mal empleo, que son el 35%, están sumamente preocupados y viven en crisis que empeora semana a semana.

EChI: ¿Esa es la realidad imperante Petras allí?

JP: Si, aquí es como vivimos. Todo está dividido por lo económico, por la clase, por el trabajo y por las posibilidades que uno tenga para avanzar.

EChI: Hablemos de Siria, donde la situación empeora con la participación turca. ¿Qué pasa allí en estos días?

JP: Turquía tiene un papel muy nefasto desde que empezó el levantamiento. Turquía está íntimamente vinculada con los grupos terroristas, empezando por la canalización de activistas armados desde el territorio turco; el entrenamiento, la transferencia de armas, el apoyo a todos los sectores que están luchando contra el presidente sirio, Basher Al Assad. Creo que la importancia de Turquía no se puede subestimar en esta guerra.

Segundo, los turcos han dejado de lado el acuerdo con los kurdos y están atacando al principal enemigo de los terroristas, que son precisamente los kurdos. Con estos ataques, están fortaleciendo a los grupos terroristas en Siria y en Irak.

En tercer lugar, podemos decir que Turquía tiene una alianza muy profunda con la OTAN y está prestando las bases militares turcas como punta de lanza de la fuerza aérea de OTAN contra Siria y contra cualquier grupo que se oponga a las propuestas de la OTAN.

En otras palabras, si pudiéramos formar un triángulo de los factores que influyen en Siria, tenemos la OTAN que está prestando apoyo logístico, político y financiero a los terroristas; en otra punta a Turquía y Arabia Saudita junto a Israel en la tercer punta, que está fortaleciendo las agresiones contra Siria en el sur, Turquía en el norte y Arabia Saudita en todas partes reclutando y financiando a los terroristas.

Estos son los factores involucrados en lo que la prensa llama ‘los rebeldes contra el gobierno de Assad’, no son rebeldes son agresores y tienen una trayectoria nefasta. Si calculamos por ejemplo en Turquía, la represión dejó a cuarenta mil muertos entre las víctimas hay muchos civiles kurdos. Si miramos Israel, que es una gran cámara de tortura para los palestinos. Y Arabia Saudita ni hablar, una dictadura monárquica absolutista con gran concentración de riquezas.

Y toda lo que podemos llamar la basura de Medio Oriente está involucrado en el conflicto en Siria.

El gobierno sirio ha ofrecido después de algunas limitaciones, a negociar un acuerdo. Un acuerdo que incluye al gobierno pero que está dispuesto a compartir el poder con grupos opositores para formar un gobierno de coalición. Pero todas las ofertas de Siria con mediación de Rusia han fracasado, porque los terroristas y sus patrones están en la onda de tomar el poder, lo que es imposible. De los interventores Arabia Saudita tiene sus propios satélites, Turquía tiene los suyo, por lo que Siria va a terminar como un país quebrado, fraccionado, algo como fue lo de Libia. Y esa es la gran tragedia, no hay alternativa al gobierno de Bashar Al Assad. Los que están luchando contra el gobierno sirio se van a terminar matando entre sí.

Por eso, la única solución sería alcanzar un acuerdo negociado que incluya al gobierno actual.

EChI: Es muy difícil llegar a una acuerdo que traiga paz, donde el imperio está aliado a Israel y Arabia Saudita.

JP: Si, porque son extremistas todos.

Israel es un Estado racista que busca crear un Estado puramente judío. Incluso tiene supuestos científicos que tratan de determinar qué es judío y que no, para purificar, incluso entre los judíos excluir a africanos, yemeníes, etc. porque no tienen los genes apropiados. Es una cosa surrealista lo que pasa en Israel, una sociedad supuestamente moderna, que todavía tiene la política racista que busca imponer una colonia judía en Medio Oriente, o al menos mantener su dominación.

Arabia Saudita no tiene ninguna identificación con el mundo árabe, está por el petróleo, las grandes petroleras, el imperialismo, son fanáticos en defensa de sus riquezas, sólo extienden a la familia y las fuerzas armadas.

Israel y Arabia Saudita tienen un tipo de gobierno que puede clasificarse como derecha extrema, monarquía absolutista y gobierno colonialista y racista. Y Estados Unidos que se mete con esos grupos porque son los únicos dispuestos a colaborar completamente con EEUU, uno con el capital que tiene por el dinero del petróleo y el otro con las bombas nucleares y los misiles. Entonces, con estas fuerzas no se puede negociar. ¿Cómo se puede negociar con un país que reclama la monarquía absolutista? ¿Cómo se puede negociar con un país que quiere proyectar el colonialismo en el siglo XXI? Es imposible de imaginar.

Israel no se puede arreglar incluso con los palestinos que viven en los territorios ocupados; Arabia Saudita está tirando bombas sobre Yemen, destruyendo ciudades, hospitales, escuelas, etc. Son extremistas, como podríamos caracterizarlos. Es como en Europa que no se puede negociar con los fascistas, sólo tienen que mantener la guardia, una contra fuerza, fortalecer la capacidad de defenderse e imponer restricciones sobre la circulación de fuerzas que reciben apoyo de estos gobiernos.

Creo que Hezbolá del Líbano ha echado a los israelitas por la fuerza y puede defenderse porque tiene la capacidad de alcanzar ciudades israelitas. Irán todavía no ha sido atacado porque tiene sus propios misiles que alcanzan a Tel Aviv. Y de eso si entiende Israel, entiende por la fuerza, entiende por la capacidad de los gobiernos de defenderse y no darle ninguna concesión para que puedan aprovecharlas y agredirlos.

En ese sentido, creo que sólo los gobiernos más comprometidos en el sentido popular, nacional y militar pueden sobrevivir en Medio Oriente.

EChI: ¿Pero en Europa no predomina el fascismo o neo fascismo?

JP: Bueno, podemos decir que son gobiernos cada vez más militaristas que están forzosamente por propia voluntad colaborando con las agresiones de EEUU en varias regiones del mundo.

Ahora, algunos tienen representantes más a la derecha que otros, pero no hay ninguno que siga defendiendo el Estado de bienestar, todos son neoliberales, todos están apoyando las agresiones contra Rusia, Siria o a los países islámicos.

En ese sentido, hay una reconfiguración de la derecha en Europa que incluye a (el presidente francés Francois) Hollande y a los socialdemócratas de los países del norte europeo, los países nórdicos; no hay como podríamos decir, una centro izquierda que busque soluciones pacíficas, negociadas. Eso pasó con Olof Palme en los años ‘70 en Suecia, pasó con algunos gobernantes en Europa occidental.

Actualmente podemos decir que Europa sigue a los EEUU, no por la fuerza, sino por la ideología que comparten, los intereses imperiales.

Pero debemos reconocer que Europa sigue en una crisis económica profunda, donde la desocupación está creciendo a dos dígitos; donde podemos ver a Francia, Italia, con crecimiento negativo; España, Grecia y Portugal hoy son semi colonias de los poderes occidentales; están con sanciones contra Rusia peor no las pueden mantener porque las economías débiles buscan nuevos mercados y no los alcanzan.

Podemos decir que Europa está en decadencia pero todavía es peligrosa, como un viejo tigre herido que es más cruel que nunca.

EChI: ¿Qué lectura haces de la devaluación del Yuan que ha hecho China?

JP: China busca recuperar un ritmo mayor de crecimiento, quiere defender el reparto del mercado mundial. China debe buscar formas de movilizar los ahorros y a la vez buscar financiar su propio desarrollo interno. Entonces las devaluaciones son una política de doble filo, en un sentido están liberalizando el mercado de divisas y por otro, están interviniendo para fomentar el desarrollo de las exportaciones.

Entonces, no es necesariamente progresista porque las devaluaciones reflejan la oferta y demanda de la moneda china en el mercado.

Ahora, China no está sufriendo una crisis a pesar de lo que dice la prensa financiera. Este año China va a crecer 7% que es cuatro veces más que Europa y tres veces más que EEUU. Si China está en crisis yo creo que Europa está en catástrofe.

Entonces, podemos decir que hay una desaceleración en China, las contradicciones internas entre trabajo y capital se siguen profundizando, pero eso no tiene que ver con el crecimiento en sí, eso es el reparto de los ingresos chinos. Las prioridades sociales son lo que está afectando a China, y está afectando la lucha de clases.

Pero el capitalismo en un sentido occidental, está preocupado porque dentro de la disminución del mercado mundial, cada vez más se sienten competidores con China y buscan alguna forma de limitar el crecimiento de china. Hay una competencia cada vez más feroz, más militarizada, para limitar el crecimiento de China. Ese es el peligro, que Washington con sus aliados Japón, Australia, etc., busquen alguna forma de limitar el crecimiento chino, en un momento en que China está fomentando y extendiendo sus alianzas con Rusia y otros países de Asia. Ese es el peligro, que Washington tiene la política militar en la cabeza.

El gran peligro con China no es su moneda ni mucho menos su crecimiento económico, lo que está en juego aquí es el enfrentamiento cada vez más militarizado entre EEUU y sus aliados para limitar a China, como tratan de provocar una confrontación que podría precipitar algún conflicto militar.

EChI: Vamos a Brasil donde Dilma Rousseff recoge cada vez más rechazo de la ciudadanía.

JP: Lo que pasa en Brasil es la desintegración de la política centrista que impuso (el ex presidente y líder del PT, Inazio Da Silva) Lula. Tanto él como Dilma se aprovecharon del boom de los comodities, de las exportaciones de materias primas, para financiar toda una serie de actividades lícitas e ilícitas de consumo, de expansión, de crédito, pero no pensaron cómo se va a sostener esa política. En momentos en que la crisis los golpea no tenían ninguna alternativa económica, la industria estaba debilitada, los proyectos económicos estaban llenos de corrupción, el PT estaba… como podemos decirlo… El PT era un partido de corruptos y lo sigue siendo. Hay un ala de izquierda aparentemente que sigue criticando y dando eslóganes izquierdistas, pero están todos involucrados en esto. Y ahora la derecha levanta la cabeza, y no sólo la derecha política, sino también las masas de la clase media –cientos de miles ayer- salen a las calles, vinculando la corrupción, el estancamiento económico, las reivindicaciones sociales, con todo lo que han hecho mal los gobiernos del PT.

El problema es que en los años de prosperidad, el PT marginó e hizo mucho daño a los partidos de izquierda. El Partido Comunista es un ejemplo, hay un Partido comunista afiliado al gobierno y otro en la oposición pero con poco peso, el PSOL, el PSTU, todos esos grupos quedan con un pequeño electorado y no ofrecen ninguna alternativa ahora frente a la subida de la derecha.

Y dentro de la derecha, hay otra derecha más golpista.

Entonces, con la inundación del PT, salen del pasado los pro-golpistas, los derechistas, los neoliberales, aprovechándose del PT. Esa es la cosecha del oportunismo, del neoliberalismo y de las políticas paternalistas de Lula. Nadie está saliendo a apoyar al gobierno, las encuestas dicen que Dilma tiene el apoyo del 8% del electorado.

Como dijimos la semana pasada, no creo que Dilma llegue a terminar este año, los golpistas blandos van a conseguir un (…) y después una investigación de fondo del PT.

Los que pensaban que se puede marchar a partir del neoliberalismo al socialismo están equivocados. Creo que el PT es un cuento de la historia pasada, no tiene futuro, en el presente está deteriorado. Hay que pensar en alguna otra alternativa para los próximos diez años en Brasil.

EChI: Nos quedan algunos minutos para que comentes otros temas de tu interés.

JP: Bueno., Voy a hablar sólo de dos temas.

Uno tiene que ver con México, donde el gobierno mexicano actual y pasado, en colaboración con los narcotraficantes han asesinado a más de cien mil personas en los últimos diez años. Y en ese mismo período han matado a más de cien periodistas.

Es la capital mundial del asesinato político. Y nadie habla de eso, se habla de los muertos en Siria, de los muertos en libia, pero México está encabezando l lista. Cada día encuentran cadáveres de víctimas civiles, cada día vemos en el diario como el gobierno está militarizando Oaxaca, no puede solucionar ningún asesinato. Últimamente se asesinó aun fotoperiodista –Rubén Espinosa- y cuatro mujeres que estaban en tertulia en su apartamento, a cuatro cuadras de la Casa Presidencial.

El hecho es que los medios de comunicación no hablan de México como el centro mundial del asesinato político, porque el gobierno de México está entregando las joyas de la Economía, como Pemex a las grandes petroleras multinacionales. Por eso no hablan de México como uno de los lugares más peligrosos para cualquier crítico de las políticas del narco capitalismo.

Incluso podemos decir que el principal asesor del gobierno mexicano, el principal respaldo y beneficiario de la política neoliberal son los EEUU. Y no se puede hablar de nada más que de la colaboración y las buenas relaciones entre los asesinos de México y los asesinos de Washington.

Finalmente quiero hablar de otra cosa, que es lo que está pasando en Ecuador que es una tragedia.

Hay un levantamiento, una protesta, marchas, por parte de grupos indígenas y algún sector sindical, contra el gobierno de Rafael Correa que cuenta con el apoyo de grandes sectores populares, indígenas amazónicos y sindicatos.

Ahora, este conflicto sólo va a beneficiar a la derecha oligárquica.

Y pese a que ahora hay un volcán creando situaciones de emergencia, los huelguistas siguen protestando, pese a la emergencia. Me parece que hay algo raro aquí, porque la izquierda supuestamente, los sectores indígenas, no pueden dialogar y llegar a un compromiso, a canalizar su oposición contra la derecha, que van a ser los principales beneficiarios si cae Rafael Correa.

Y Correa no es el peor Presidente en Ecuador, ha hecho muchas cosas buenas en lo social, en infraestructura, en inversiones en Educación, cancelando la deuda; también cosas que uno debe criticar como las petroleras y la invasión de territorios indígenas. Pero todo en proporción de quién es el principal enemigo. Me parece que la falta de proporcionalidad va a provocar la vuelta de la derecha corrupta que ha dominado la política ecuatoriana por décadas.

EChI: Muy bien Petras. Muchísimas gracias por todo este análisis. Un abrazo.

JP: Un abrazo a todos vosotros.

Entrevista a Andrés Antillano: Con la OLP se está declarando objetivo militar a sectores del pueblo

El Investigador del Instituto de Ciencias Penales de la UCV cree que la expansión de la criminalidad es producto de una transformación de la violencia debido a la acción policial y los asesinatos extra judiciales

La posición que deja ver en esta entrevista el Jefe del Departamento de Criminología de la Escuela de Derecho de la UCV, Andrés Antillano, con relación a la explosiva violencia y criminalidad que vive el país, no dejará tranquilo a nadie.

Señala que Venezuela está a las puertas de una guerra de consecuencias impredecibles. Se ha roto el equilibrio histórico entre policías y delincuentes y ahora ya nadie sabe, a ciencia cierta, quién controlará el monopolio de la violencia en los años por venir.

El gobierno bolivariano, en tanto, ha dado un giro casi rocambolesco a la inocua política de seguridad que enarboló durante más de una década –basada en un funcionalismo de izquierda- y ahora practica lo que Antillano llama un “populismo punitivo”, basado en la mano dura y la persecución de los pobres.

Por si fuera poco, el psicólogo social recalca que en períodos de recesión económica, el aumento de la represión policial, como estas prácticas de la OLP, puede ser el equivalente a acercar fuego a la gasolina. Recuerda que cuando eso sucede, es porque el Estado ya no tiene otra política para los sectores sociales que la represión.

La criminalización de los pobres, a través de la figura del bachaquero y del paramilitarismo, se conecta con una tensión más profunda, la que genera una política social que nunca se universalizó y por el contrario produjo diferencias en el barrio, la base social que alguna vez hizo legítimo al chavismo como fuerza política.

De la violencia expresiva a la violencia instrumental

Contrapunto (CP): –¿La sociedad venezolana está sumida en la violencia?

Andrés Antillano (AA): –Sí, por supuesto, pero habría que distinguir esa violencia. En primer lugar, es un fenómeno que viene desde los años ochenta. A partir de 1989 se duplica, por primera vez, la tasa de homicidios y desde entonces ha tenido una escalada persistente. Un fenómeno que ocurre en toda América Latina durante ese período. Muy pocos países han logrado revertir la tendencia, quizás la excepción sean Colombia y Brasil. Por esta razón Venezuela pasa a ser la nación con el mayor número de homicidios en Suramérica.

¿Qué es lo que ha aumentado en Venezuela? Por un lado, los delitos callejeros, la pequeña criminalidad, el hurto, las amenazas, la venta de droga, que no son los delitos de mayor gravedad pero que terminan generando un impacto muy grande en la opinión pública: que venga un motorizado y te arrebate el celular.

Por otro lado, han aumentado los delitos violentos: robo a mano armada, secuestros y, por supuesto, homicidios, que han aumentado de manera desmedida. Además, hay otro cambio importante: estos crímenes tienden a democratizarse, se vuelven cada vez más delitos intraclases, las víctimas principales –muy claro en el caso de los homicidios– son gente pobre.

CP: –Pobres, víctimas de pobres.

AA: –Pobres, víctimas de otros pobres. La violencia en Venezuela es, en primer lugar, consecuencia de una exclusión social. No es casual que se disparen las tasas de homicidio y los delitos violentos, justamente en el momento del auge del neoliberalismo. La violencia tiene mucho que ver con la exclusión en sectores específicos de la población. Y en esa medida, ha sido una violencia fundamentalmente especializada.

Aquí la idea de la banda organizada, del crimen organizado, no parecía tener valor analítico: la situación que se ve en Colombia con el paramilitarismo, en Brasil con el Primer Comando de la Capital de Sao Paulo o con el Comando Vermelho en Río de Janeiro, o con las Maras en los países de Centroamérica. No es el tipo de violencia que tenemos aquí, la nuestra es más de orden expresiva, entre muchachos excluidos, grupos irregulares con edades más o menos definidas que se matan entre ellos. Aquí la violencia es una fuente de estatus simbólico.

CP: –Pero estamos en un momento donde el delito duro, el homicidio, el secuestro, los descuartizamientos se han impuesto como modalidades de la violencia cotidiana

AA: –Lo que creo que ha venido pasando –y esto ha repuntado en estos últimos meses– es que esa violencia desorganizada da paso a niveles cada vez más sofisticados y organizados de violencia: pasa de ser una violencia expresiva a ser una violencia instrumental.

CP: –¿A qué alude cuando habla de violencia expresiva?

AA: –Una violencia cuyo sentido se agota en su fin. No es una violencia que pueda explicarse como medio para conseguir un propósito. Una violencia que, en sí misma, es una fuente de reconocimiento, de sentido, tanto para el que se ve afectado, como para el que la ejerce. Creo que esa violencia se está convirtiendo en una violencia de orden instrumental, es un medio para conseguir un fin: robar, secuestrar, cobrar un rescate, eliminar adversarios, controlar determinados territorios, extraer renta de esos territorios.

CP: –¿Esa transformación de la violencia desde cuándo está ocurriendo?

AA: –Es una tendencia que ha venido creciendo en los dos últimos años. Me parece que tiene mucho que ver con el descalabro de los cuerpos policiales y con la situación de recesión económica que vive el país. Sobre todo se acentúa, a mí modo de ver, en el último año. Y es un efecto paradójico, porque a eso ha contribuido la misma política de seguridad del Estado. Yo estoy haciendo un trabajo de campo en zonas muy violentas.

Policías y colectivos: ruptura de un equilibrio

CP: –¿Y qué ha encontrado?

AA: –Investigo en una zona que está, ahora, bajo esa idea de que es una “zona de paz” y que está copada de paramilitares. Hemos visto allí dos cosas: primero, que los actores de la violencia no son paramilitares, son muchachos excluidos que no tienen empleo, que están por fuera del sistema educativo y que se juntan con muchachos semejantes del barrio vecino, en escaramuzas y violencias fortuitas que son fuentes para recibir una suerte de reconocimiento.

Este reconocimiento tiene que ver con la retórica de “mostrar la cara”. El que no se ve, porque es excluido de las formas de reconocimiento social, se convierte en alguien reconocido, al menos para sus pares, en una situación de violencia. Estos muchachos son actores armados y delincuentes que operan en un sector en particular. Durante el último año, y esta es la segunda cosa que consigo en esas zonas, ha venido creciendo la violencia policial y las ejecuciones extrajudiciales.

CP: –¿A qué cuerpos policiales se refiere?

AA: –Cicpc, Policía Nacional.

CP: –¿Policía Nacional? ¿No es una institución demasiado joven como para andar en ésas?

AA: –Sí, así es. También existen grupos parapoliciales que proliferan y es algo poco atendido porque, además, se desdibujan bajo un discurso político y empiezan actuar de manera autónoma.

CP–¿Eso es lo que llaman colectivos?

AA: –Sí, colectivos. Pero yo conozco muchos colectivos, estos son de funcionarios y exfuncionarios policiales.

CP: –¿Estamos hablando de colectivos como el 5 de Marzo?

–En la zona donde trabajo, son funcionarios policiales que actúan autodenominándose “colectivos”. Entonces, durante este periodo de tiempo, han asesinado a veinte muchachos en la zona, malandros –como dicen ahí– y gente “sana” que no tenía ninguna implicación en episodios de delitos. Lo que termina ocurriendo en estas acciones policiales, paradójicamente, es que se rearticulan las bandas hasta entonces enfrentadas.

La escalada de violencia policial, como te digo, termina generando una reorganización de la delincuencia y de la violencia armada. Se defienden de estas incursiones de la policía, con las mismas armas que la policía les vende. Eso hay que recalcarlo, las armas son vendidas por funcionarios de los cuerpos policiales.

CP: –¿Pero qué anima a cuerpos policiales como el Cicpc y la PNB, a estos colectivos parapoliciales, a meterse en los barrios para matar gente? ¿Retaliaciones, cuentas pendientes?

AA: –Vivimos una transformación del equilibrio entre policía y delincuencia en la que la policía tenía una suerte de división del trabajo en la que se establecían unos tipos de pactos informales con la criminalidad. Pactos informales e ilegales, fundamentalmente basados en el cobro de lo que ellos llaman “las multas”. Eso tiene una función extorsiva, que regulaba las relaciones entre policías y delincuentes.

Y este sistema tenía diversos escalones. De pronto, las policías “más pequeñas” o de menor impacto, la policía preventiva o simplemente los funcionarios de ciertos cuerpos, para distinguir a las personas de las organizaciones, se encargan de la venta de droga, de la venta de alcohol ilegal, de las apuestas. Mientras que funcionarios del Cicpc tienen que ver, fundamentalmente, con actividades de criminalidad mucho mas complejas.

Este equilibrio, que era una suerte de pacto silencioso, mafioso, termina quebrándose durante los últimos dos años y termina por producir un enfrentamiento abierto entre delincuentes y fuerzas policiales. Esto ha generado una rearticulación, como te decía, de la respuesta de los delincuentes. Respuesta que llaman “la palabra”. Los delincuentes hablan de una “palabra” entre las distintas bandas que deponen la violencia entre sí para articularse y dar respuesta a la violencia policial.

CP: –Hay una reorganización de la relación policía-delincuente. ¿Qué impulsa esta batalla, usted habló de recesión económica y de descalabro de los cuerpos policiales?

AA: –Yo creo que hay muchos factores, pero de algún modo lo que ha determinado y contribuido en el ultimo año a esta situación es la política de mayor respuesta de violencia por parte del Estado hacia los sectores populares. Yo puedo entender, claramente, las motivaciones, lo que esta detrás de políticas como la Operación de Liberación y Protección del Pueblo. Entiendo que hay un clamor de la gente. En efecto, se ve desamparada, se ve rehén de la violencia.

OLP, criminalización y extravío

CP: –¿Se dejó correr mucho la situación, por eso estamos clamando por una OLP?

AA: –Hay una gran paradoja. La violencia tiene mucho que ver con el tema de la desigualdad. En los años noventa, aumenta la desigualdad y aumenta la violencia. En Venezuela, sin embargo, en los últimos diez años disminuye la desigualdad, disminuyen los índices de pobreza, pero la violencia se dispara. Yo tengo algunas hipótesis sobre eso. Pero en el cuadro actual, hay una demanda real de la gente. Por eso la recepción de la OLP termina siendo ambigua en los sectores populares. La gente siente una gran sensación de vulnerabilidad y desamparo. Pero no podemos olvidar que todo esto es producto de una pérdida: la de la presencia legítima del Estado.

Los sectores populares no encuentran a qué instancia acudir, no hay mecanismos de regulación sobre muchos territorios. Parece una contradicción lo que digo. Los cuerpos policiales son parte del Estado: tienen, por un lado, una incrementada presencia en los sectores populares, pero esto no cuenta, no garantiza la regulación, las resolución de conflictos. Porque son intervenciones irregulares, oscilantes, compulsivas. Llegan, hacen redadas, se llevan preso a todo el mundo, matan a alguien, se van, no vuelven. Es una presencia espasmódica.

Uno ve que es real la preocupación del gobierno, porque esta ausencia institucional, este espacio vacío, lo terminan ocupando los grupos armados periféricos. Pueden ser grupos de policías, colectivos, malandros, que controlan la situación en el barrio. Al mismo tiempo, lo que también ha ocurrido es que la violencia, el delito, que había venido siendo un delito intraclases, ahora se vuelve más pernicioso y termina victimizando de forma más cruda a los vecinos. Entonces, es un imperativo del Estado recuperar el control institucional sobre esas áreas, porque si no se verá seriamente cuestionado.

Uno podría, entonces, entender los intentos, los ensayos, que ha habido para dar respuesta a la inseguridad, al delito y a la violencia. Lo que creo es que estas estrategias, sobre todo con la OLP, han sido erradas. Es errada en el diagnóstico y es errada en la valoración del problema.

CP: ¿Equivocan el diagnóstico?

AA: –Se yerra en el diagnóstico porque la explicación que se da es que esto está ocurriendo porque han aparecido grupos que tienen el control territorial por la ausencia del Estado. La explicación más habitual aparece en los medios, y es que el Estado se ha replegado en ciertas áreas y esto ha contribuido a que aparezcan grupos criminales. Insisto, no es así, al menos en los lugares donde estamos investigando, que es una llamada “zona de paz”.

CP: –En la zona de paz se le ha dejado a la banda controlar el territorio.

AA: –No es verdad que allí no haya presencia policial. Hay esta presencia policial absolutamente violenta, ilegitima, espasmódica, además que son los mismos cuerpos policiales los que alimentan muchas veces a estos grupos criminales, en armas, en municiones. Es decir, no es un problema de ausencia del Estado, sino de falta de una trama institucional legítima que le brinde protección efectiva a la gente.

CP: –Se yerra también en la valoración del problema, dice

AA: –En esta idea del paramilitarismo, de que son grupos paramilitares los que están infiltrándose en los sectores populares y responden a agendas políticas y extranjeras. Habría que, primero, afinar los criterios. El paramilitarismo, en el sentido estricto, aludiría a grupos armados que se autonomizan y que cuentan con cierto grado de tolerancia y apoyo del mismo Estado. Se dio en Colombia, en Perú, en el norte de Irlanda.

Grupos autonomizados, con miembros de las fuerzas armadas, cuerpos policiales, asociaciones civiles que cuentan con, al menos, tolerancia de parte del Estado. Que actúan contra objetivos esencialmente políticos, para aniquilar a adversarios. Esta es la definición estricta de paramilitarismo. Allí podríamos, más bien, pensar que estos grupos parapoliciales que empiezan a proliferar, se parecerían más a este concepto de paramilitarismo.

CP: –Esta especie de configuración del colectivo armado

AA: –Colectivo es una categoría muy amplia que termina confundiendo. Yo conozco a muchos de estos actores y no tienen ningún tipo de motivación política y encuentran en este término “colectivo” una buena coartada para actuar.

CP: –¿Entonces esto no tiene que ver con paramilitares?

AA: –No. Además se alude al paramilitarismo colombiano. Es una tesis muy xenófoba. Colombia termina siendo responsable de todos nuestros males y la tesis tampoco se verifica empíricamente. Aquí lo que termina ocurriendo es que hay grupos delincuenciales que se vienen rearticulando para dar respuesta a la violencia policial.

El uso de esta categoría del paramilitarismo termina siendo muy complicada, porque se trata de declarar como objetivo militar a sectores del pueblo. El uso de la categoría, con esto de la OLP, incentiva otros usos: bachaqueros, buhoneros, gente que tomó un apartamento.

CP: –Gente, como usted dice, que ha cometido delitos pequeños.

AA: –Ni siquiera delitos. Mira el caso de la Panamericana, donde se desaloja a una comunidad posiblemente por razones urbanísticas. Se hace bajo la perfecta coartada del paramilitarismo y eso termina generando mucho consenso entre la población identificada con el chavismo.

CP: –Si el problema era urbanístico, ¿no ha debido dar la cara una institución, una instancia política o mediadora.

AA: –Esa es la tendencia: usar una etiqueta muy eficaz, como la de los paramilitares, que permite resolver con manos militares problemas de otro orden: sociales, policiales, criminales, urbanísticos. Entonces se trata de declarar a facciones del pueblo como paramilitares, sean delincuentes o no.

Empieza a prevalecer una retórica, entre sectores del gobierno y del chavismo, en la que estratos del pueblo son vistos como enemigos. Esto lo que indica es una pérdida de conexión con sectores importantes de lo popular. Y se puede encontrar su equivalente en categorías como el “bachaquero”. Es decir, se desplaza el relato de la Guerra Económica –que es responsabilidad de la oligarquía, de los grandes capitales– a la señora que vive en un barrio, que compra cinco paquetes de Harina Pan para revenderla o, sencillamente, para tenerla.

El responsable de la Guerra Económica ya no es el capital y mucho menos las redes de corrupción, la policía, el ejército que instrumentaliza el contrabando de extracción, sino algunos sectores del pueblo. Esto, sin duda, habla de un grado de descomposición, habla de un grado de anomia, es muy curioso el desplazamiento y la búsqueda de un nuevo enemigo: facciones de los pobres, bien sea como bachaqueros o como paramilitares.

El nuevo enemigo: el pobre

CP: –Desde el 2013, que comenzó la narrativa de la Guerra Económica, no se consigue al “enemigo real”. ¿Terminó consiguiéndose en el pueblo?

AA: –Sí, yo creo que sí. Es más evidente el contrabando de víveres a mercados informales, el contrabando de extracción, pero eso no es responsabilidad de los bachaqueros. Es mucho más fácil obtener el consenso con figuras que tú puedes ver: la señora que se lleva las pacas de Harina Pan, o el buhonero que te vende el litro de aceite más caro.

Además, hay un marco de negociación con sectores de la burguesía, por eso tampoco conviene dar la guerra a ese nivel. Termina el bachaquero siendo una figura útil, como el paramilitar, porque con eso se culpa al “malandrito” de la esquina. Sin ver, desde luego, los problemas estructurales, las desviaciones policiales en el tráfico de armas, las redes clientelares que pueden estar detrás de la violencia.

CP: –Si los hechos importan, la OLP nació ejecutando “una razzia” en la Cota 905: mueren quince personas, buenas o malas, pero nadie sabe en qué condiciones recibieron la muerte. Después ha comenzado una versión más rutinaria de la OLP, si se quiere, más enfocada en efectos propagandísticos.

AA: –Pero en aquella ocasión ni siquiera se consiguieron a los presuntos malandros que estaban buscando. El resultado fue realmente ridículo. Es decir, la OLP no es un modelo para los propósitos del Estado, incluso si le concediéramos, citando a Maquiavelo, la máxima de que “el fin justifica los medios”. Los resultados desdicen la eficiencia de esto.

CP: –¿Cuál es entonces el modelo para proteger al pueblo?

AA: –Está, por ejemplo, la Unidad de Policía Pacificadora de Brasil, donde hay un copamiento policial de los morros de Río de Janeiro, de las favelas, un control del territorio que no se podía controlar y después dejan allí una unidad policial comunitaria, que con intervención de políticas urbanas, educativas, comunitarias y sociales, restablecen el control estatal –porque el Estado no es sólo la policía–sobre territorios que habían sido relegados.

CP: –¿De las OLP, entonces, saldremos con una criminalidad más organizada?

AA: –En estas políticas siempre termina reorganizándose el delito hacia formas más agresivas. Hay una escalada de la violencia: a más violencia del Estado, más violencia criminal. El delito se reorganiza a formas más estructuradas. Se profundiza la corrupción policial, porque hay una relación directa entre violencia policial y corrupción policial –mientras más violenta sea la policía, más posibilidades hay de extorsión.

Esto, además, tiene efectos políticos perversos. Hay una doble lectura del pobre: el “buen pobre”, que es el señor que va a las misiones y “el pobre malo”, que es el delincuente, el bachaquero, el criminal que recibe una violencia desmedida, un discurso criminalizador. Con esto se está fracturando, enajenando, la base social del chavismo.

Esta combinación entre recesión económica y violencia policial es una combinación explosiva. Es como acercar una llama a la gasolina. La historia de los grandes estallidos sociales, generalmente, tienen que ver con la competencia de estos factores. Incluso, El Caracazo es una mezcla de ambos, con los famosos operativos policiales del Plan Unión. Esto que se está haciendo evoca toda esa idea de los operativos, de las redadas que aparecen en una situación semejante: en la crisis económica. Los operativos policiales pasan a ser la política, a veces la única estrategia del Estado frente al problema económico.

CP: –En medio de una crisis económica, el problema policial y militar de 2014 fueron las guarimbas en los municipios de la clase media. En 2015, la OLP se concentra en los sectores populares. ¿Estamos cerca de un estallido social que hay que contener?

AA: –Bueno, si esa es la motivación entonces la política está extraviada, porque es todo lo contrario: la historia demuestra que el aumento de la represión es una chispa eficaz para los estallidos sociales. Creo que también hay que pensar en la corporación militar y policial que actúa con agendas propias y autonomizadas. Es decir, esa corporación termina acumulando mucho poder en este tipo de operativos. Poder político y poder económico. Porque el delito también es fuente de renta: a través de redes clientelares, a través de extorsión, a través de participación en actividades del crimen.

La última estrategia: populismo punitivo

CP: –¿Importa, en este contexto, distinguir entre el periodo Chávez y el de Maduro?

AA: –Durante mucho tiempo no ha habido una política de seguridad clara. Durante el período de Chávez ha habido una especie de oscilación de las políticas. Primero fue el “funcionalismo de izquierda”, en el que el delito es consecuencia de la pobreza, del desempleo o de la exclusión, y a través de la justicia social, sólo superando ese lastre del capitalismo y del neoliberalismo, podremos enfrentar el delito sin aplicar fórmulas represivas.

Esta es la primera retorica del chavismo, pero no se dio una política alternativa que no fuera “no vamos reprimir, no vamos a criminalizar al pueblo”. Tampoco se atajó el problema de la violencia policial, que, frente a la dificultad de dar respuesta, empezó a ocupar espacios con acciones cada vez más perversas. Recordemos los escuadrones de la muerte en Portuguesa, en Falcón, con ejecuciones extrajudiciales.

Ahora se pasa a una retórica inversa. Ya el criminal no es una víctima de la injusticia social, sino es un cómplice del sistema. Se desempolva la vieja figura del “lumpen”: el delincuente reproduce los valores del capitalismo, los valores egoístas. Esto coincide con la retórica conservadora, esa que dice que hay un problema de crisis de valores y muchas veces se culpa a la madre, a las familias disfuncionales. Frente a esta idea moral, la respuesta es más violencia policial, hasta este escenario bélico de respuesta al delito que es la OLP.

Ninguna de las dos fórmulas ha sido eficaz para enfrentar el problema. Por el contrario, se han abandonado los intentos importantes de caminar en una política de seguridad, como lo fue la reforma policial. Esta se inició en 2006. Formé parte de esa comisión y ahí se hicieron un conjunto de recomendaciones que en los últimos años se han echado por la borda. Se desbarató el proyecto de la Policía Nacional. Hoy, a un policía, le piden que lleve diez detenidos por día. ¿El resultado? Atrapan a infractores menores.

CP: –¿Están pidiendo diez detenidos por día?

AA: –No sé si en estos últimos meses, pero a principios de año fue así. Había que llevar una cuota de detenidos. Entonces, ¿a quien detenían? Detienen al indigente que consiguen con tres piedras de crack en el bolsillo. Y lo presentan. Es decir, detienen a la pequeña criminalidad, que no son las más graves. Así se extravía el foco. Los homicidas, en cambio, apenas entran en el sistema penal. Las cárceles están llenas por delitos de drogas, esencialmente por posesión y venta en pequeñas cantidades.

CP: –La PNB aspiraba a ser un modelo distinto de policía.

AA: –A partir de ahí empieza a desencaminarse lo que proponía el nuevo modelo policial. El proyecto, en 2006, no se reducía a crear una nueva policía, esa fue la gran discusión. Crearla, solamente, significaba crear un nuevo problema y dejar en pie los otros, que eran las restantes policías. El proyecto planteaba avanzar hacia un sistema de policías que permitiera articulaciones con estándares comunes, informados por derechos humanos, informados por criterios de eficiencia y de eficacia. La PNB siempre se concibió como una policía pequeña, salvo en el área de Caracas, que debía ocupar el espacio de la PM.

Más bien se ha producido una expansión de la PNB, un crecimiento muy acelerado, subordinado a políticas y mandos militarizados. Los últimos mandos son militares activos, que le han impreso una distorsionada función y no se avanzó hacia la creación de un sistema que garantizara la protección de la gente. La creación de la PNB no era una política de seguridad en sí misma. También se perdió la idea del desarme.

La reducción de los homicidios en Brasil tuvo que ver con el control de las armas; y las armas en Venezuela circulan tanto en manos de los cuerpos policiales –que son los principales proveedores para actividades delictivas- como en manos de los civiles. Se planteaba avanzar en un modelo semejante al brasileño, en restricción de portes de armas en manos de civiles y un control riguroso de las armas y las municiones en manos de la policía. Eso se desestimó, entre otras cosas por los poderosos lobbies armamentistas.

CP: –¿Se perdió la oportunidad que tuvo el chavismo para hacer una política de seguridad eficiente?

AA: –Los elementos que permitían definir una política de seguridad eficiente fueron abandonados tempranamente. Se ha favorecido una política que tiene mayor valor expresivo y político: la mano dura. Pudiésemos hablar de “populismo punitivo”, ofrecer mano dura a través de estos actos espectaculares, profundamente ineficientes, pero que dan rédito político. Estamos en una campaña electoral y los efectos de este tipo de populismo son muy efímeros. Lo que pasó en la Cota 905: a los que fueron a buscar y no encontraron, ya están de nuevo allí. La gente rápidamente se da cuenta que esto es una ilusión que supone violencia contra ellos y que no resuelve el problema del delito y la criminalidad. Lo paradójico es que esta política de mano dura siempre fue una bandera que blandió la oposición y ahora el chavismo la ha venido convirtiendo en su oferta política.

CP: –¿Todo esto no es una muestra del fracaso de la política de seguridad implementada durante estos años?

AA: –Hay otros factores que también permiten entender este viraje. Y esto sirve para revelar los límites de las políticas redistributivas en los procesos de transformación estructural de alto calado. Lo que explica por qué persiste la violencia, a pesar de haber disminuido la desigualdad. Sin duda que las políticas redistributivas, las políticas sociales, han mejorado las condiciones de vida de los sectores menos favorecidos. Es evidente en los indicadores económicos y cuando uno va a barrios pobres se da cuenta de eso.

Esta redistribución ha tenido un efecto paradójico al generar nuevas brechas entre las clases populares, es decir, las políticas sociales focalizadas y no universales terminan generando diferencias entre aquellos que están en mejores situaciones, más ventajosas para aprovechar estas políticas -porque se está en una misión, porque se está en un Barrio Nuevo Tricolor, porque se está en cuestiones comunales, porque se entra en las redes asistenciales- y los que quedan relegados de esas políticas.

Entonces empiezan a aparecer diferencias intraclases. Brechas entre los beneficiarios, clientes de estas políticas y los que se quedan relegados. Y hay diferencias muy poco evidentes, sobre todo con los métodos tradicionales para la medición de la desigualdad, porque se dan en el seno de una familia, por ejemplo entre el papá que consiguió trabajo, o que recibe algún beneficio por ser parte de una misión, y el hijo, que no consigue trabajo, que está excluido del sistema educativo. Estas brechas dentro de sectores populares hacen que se empiece a generar una suerte de diferenciación importante entre los factores que han logrado mejorar sus condiciones de vida, de manera significativa, y los factores más relegados.

Ante la desigualdad, que era muy marcada en Venezuela, ahora existe una menos notoria pero más próxima. Eso puede generar muchísima tensión y una sensación de injusticia. Esto explica también por qué este viraje de las políticas de seguridad, cada vez más duras: porque se trata de dar un tratamiento diferenciado a los sectores populares, es decir, hacer una doble política popular de incluir y castigar.

CP: –¿Qué hacer entonces después de tanto tiempo perdido?

AA: –Hay cosas básicas. Yo diría, en primer lugar, insistir en la inclusión de los sectores relegados.

CP: –Universalizar el sistema de protección social.

AA: –Exacto. Universalizar el sistema de protección. Y políticas focalizadas a aquellos sectores que no han sido tocados. Las políticas sociales, fundamentalmente, han estado dirigidas a excluidos de vieja data. Gente que había estado excluida desde los años ochenta, que, como resultado del ajuste neoliberal, perdió su trabajo y que ahora volvió a ser incorporado. Sin embargo, los nuevos excluidos, los jóvenes que no consiguen trabajo, los excluidos del sistema educativo, no han sido incorporados, no han sido atendidos por esas políticas. Así que hay que pensar en políticas sociales universales y en políticas sociales focalizadas.

Hay que retomar la agenda de la reforma policial para organizar una policía eficiente. Mira, muchas de las cosas que ha hecho la OLP –de muy mala manera y con resultados muy malos- se podrían haber hecho con inteligencia policial. Es decir, la policía puede identificar –y estoy seguro que sabe- dónde está la gente vinculada con actos inaceptables, que debiera ser detenida, procesada e ir presa.

CP: –¿Qué nos ha pasado, por qué llegamos a esta situación?

AA: –Nosotros tenemos un Estado muy anómalo por la relación con la renta petrolera y con la conducción histórica de ese Estado. Un Estado siempre muy distante de la gente, muy violento, por eso nuestras policías siempre han sido muy militarizadas. Esta anomia del Estado es funcional con ciertos intereses, para élites viejas y nuevas que emergen aprovechando la aparente anormalidad. La corrupción no es un tema moral, es, en términos marxistas, la acumulación originaria de capital. La forma de transferencia de la renta petrolera a sectores concentrados del país.

CP: –¿El problema fue tratar de desmontar el Estado sin tener una alternativa a la mano?

AA: –En estos años hubo una recuperación del Estado, después de un período, el neoliberal, en que sólo destacaba su función represiva. Durante los primeros años del chavismo se recupera la idea del Estado como un gran regulador de la vida social, pero se deja intacto el aparato represivo, el sistema penal, las policías a pesar de los intentos de reforma. Se recupera el papel del Estado, pero vinculado con el tema de la renta, como explica Fernando Coronil en su Estado mágico.

Un Estado que se hace cada vez más inútil, más hipertrofiado, incapaz de interactuar con la gente. Las primeras tesis de participación ciudadana, las mesas técnicas de agua, donde se validó la idea de una especie de cogestión o incluso de autogestión, cede su lugar a un Estado cada vez más prepotente, que controla renta y la distribuye, donde la participación popular tiene un papel únicamente de cadena de transmisión entre estas rentas y las bases sociales, cada vez con menos poder efectivo. Entonces termina siendo un Estado gigante con pies de barro que regula todo pero que no puede regular nada, que sólo tiene pactos informales, clientelares, invisibles, con sectores económicos emergentes donde, por cierto, el problema de la generación de criminalidad y violencia no es ajeno.

Entrevista realizada por: Héctor Bujanda (Contrapunto.com)

Entrevista a Edgardo Lander: “El proceso de transformación de la sociedad venezolana en lo fundamental fracasó”

El sociólogo y profesor universitario Edgardo Lander

No hay democracia participativa, si el mundo popular se organiza siguiendo la lógica leninista de la verticalidad, si se profundiza el modelo rentista. No hubo una transformación cultural profunda que cambiara la lógica de riqueza infinita.

Ante una fotografía sería muy difícil hacerse una idea de quién es Edgardo Lander. Su mirada es fría, reflexiva, pero se deshiela apenas sonríe. Su sentido del humor es una herramienta eficaz para rebajar las tensiones que necesariamente trae consigo el hecho de interpelar a la sociedad venezolana. Sus lentes son un señuelo que desvían miradas curiosas, pero no del obturador de la cámara fotográfica. Cada vez que suena el clic reacciona con un gesto casi imperceptible de incomodidad. Apostaría a que nunca lo veremos de traje y corbata, porque Lander, sociólogo por la UCV y con un doctorado en Harvard, contertulio de los pequeños grupos de la izquierda ecologista y oponente acérrimo del neoliberalismo es, ante todo, un libertario.

Su postura es desde la izquierda y sus grandes cuestionamientos pasan por el intento de legitimar al proceso bolivariano sobre la base de lo ya existente, profundizando, además, el modelo rentista petrolero. Al declarar el carácter socialista de la llamada revolución bolivariana, en 2005, se inicia una organización vertical y leninista de las comunas y los consejos comunales que lo pinta todo de rojo, rojito, acaba con la noción de autonomía y liquida la democracia participativa. El autoritarismo, el espíritu de cuerpo y la opacidad de los militares difícilmente se encuentren con un modelo democrático. En el discurso había un tejido social promovido por las misiones, pero ante la crisis económica y sus dos pivotes, la inflación y la escasez, la respuesta del mundo popular no fue precisamente solidaria, sino individualista y competitiva.

La lógica electoral asfixia las posibilidades políticas

–Varias generaciones de venezolanos nos hemos diluido en el rentismo petrolero. Sin embargo, hubo en la IV República y también en la V, un discurso para superar esa trampa, ¿Por qué ha resultado tan difícil deshacerse de ese lastre?

–Creo que son muchas las razones. La primera es que tenemos un siglo en esto, un siglo en la construcción de un tipo de modelo político, de un tipo de Estado, de una subjetividad y de una expectativa, incluso, de una noción de qué es Venezuela y de quiénes somos los venezolanos, esta noción de país rico. Tenemos petróleo, tenemos derecho al petróleo.

Esa idea está profundamente instalada en la realidad y forma parte del ADN de los venezolanos. Allí está la cancha en la cual se han dado los debates políticos y las confrontaciones durante todo este tiempo. El reconocimiento de asuntos como la sobrevaluación de la moneda, la enfermedad holandesa y el rentismo, son cosas bien sabidas. Está en la academia y en el discurso político es una especie de obligación reiterada, de vez en cuando los políticos tienen que hablar del tema.

Hay una formalidad de que se tiene conciencia de eso. Pero de hecho, en el corto plazo, la forma en las cuales se definen los intereses de los grupos empresariales y del partido de gobierno, pasan por profundizar el rentismo.

–Los políticos, cuando invocan el tema, dicen que si realmente intentan cambiar el modelo, los tumban.

–Hay una dimensión estructural y cultural de todo esto, pero también hay una dimensión en el plano electoral. En la dimensión estructural, es muy difícil ir en contra del sentido común instalado en una sociedad. En Venezuela se tiene una visión muy amplia de lo que son los derechos, pero una noción muy limitada de que esos derechos sólo son sostenibles sobre la base del trabajo colectivo, del esfuerzo común, pero aquí hay petróleo y muy pocas responsabilidades.

Afectar, en términos efectivos, lo que es este sentido común es muy a contracorriente, difícilmente puede ejecutarse sin una transformación cultural profunda. Pero vayamos a algo mucho más concreto. Las políticas públicas están sobredeterminadas por las coyunturas electorales y eso pasa por desarrollar, a su vez, programas electorales atractivos. Cualquier decisión importante, incluida el aumento de la gasolina, se toma midiendo su impacto en las próximas elecciones.

Hay una especie de sobredeterminación del cálculo electoral que borra toda posibilidad de transformación, de ir más allá, de imaginarse un país diferente, porque se está operando sobre la base de lo existente. En ese sentido, la competencia electoral tiene una función extraordinariamente conservadora en los sistemas políticos, porque es la reafirmación de los sentidos comunes y quien se sale de esos límites, le va muy mal.

La inclusión no es sostenible con gasto público

–Hay quienes afirman que se ha creado un ambiente propicio para que funcione el voto castigo, justamente porque no hay nada que repartir con la caída de los precios del petróleo, ¿Sería eso suficiente o influyen otras cosas, por ejemplo, las expectativas y un pensamiento político distinto. ¿Usted qué cree?

–No, obviamente el voto castigo en modo alguno es suficiente, entre otras cosas porque en el debate político y en la conciencia colectiva venezolana todavía no hay un reconocimiento de qué es lo que está en crisis. Se atribuye la crisis, tanto política como económica, a la caída de los precios del petróleo, como que si con precios de 100 dólares el barril, estaríamos boyantes.

Pero, como bien lo dice Asdrúbal Baptista, el ingreso petrolero per cápita en Venezuela viene descendiendo desde los años 80. Es decir, atravesamos una prolongada crisis que, simplemente, es la constatación de la inviabilidad de un modelo productivo sustentando en cobrar renta y repartirla… cobrar renta y repartirla y así sucesivamente, que es lo que hemos venido haciendo desde…

–… hace 100 años, ya lo dijo.

–Desde hace tanto tiempo. Uno hubiese podido pensar que en estos años se abrió la oportunidad, sobre la base del reconocimiento de que la renta petrolera había creado el tipo de Estado, el tipo de política y el tipo de sentido común que había que superar; cuando Venezuela contó con abundantes recursos y había un gobierno extraordinariamente legítimo, porque en algún momento el gobierno de Chávez lo fue, y hubiese tenido capacidad para empujar a la sociedad en contra de los sentidos comunes instalados, pero lo que se hizo fue reforzar la legitimidad a partir de lo existente.

En lugar de buscar transformaciones en el modelo productivo y en los imaginarios de qué tipo de sociedad queremos, hacia dónde queremos ir, se reforzó la lógica de distribución y la idea de que la democracia y la inclusión son posibles mediante el gasto público. Y eso, obviamente, es imposible.

–¿No lo es porque el gasto es insuficiente?

–El gasto público como respuesta a la exclusión, como respuesta a los niveles de deterioro de las condiciones de vida que venía produciendo el neoliberalismo, obviamente está justificado, pero lo está como respuesta a una situación de dificultades en transición hacia otra cosa. Obviamente, es mucho mejor una transferencia hacia la mayoría de la población, que una transferencia para seguir concentrando el capital, como venía operando antes.

Pero desde el punto de vista de la sostenibilidad en el tiempo, esto no es posible. No lo es desde el punto de vista político-cultural, porque refuerza la lógica de la mentalidad rentista, del país rico del que hablamos, pero tampoco es posible, porque por más que crezca la renta petrolera, nunca será suficiente para satisfacer expectativas crecientes que se van generando en la población.

Tenemos un largo trecho de camino en esta vertiente de crisis terminal del modelo rentista y el problema es que no sabemos qué características va a tener ese aterrizaje, necesariamente forzoso, que no se resuelve por la vía de que el gobierno pierda las elecciones parlamentarias o de que haya un referéndum revocatorio el siguiente año.

No hay un pronunciamiento de dónde estamos, ni en los debates políticos, ni en los programas de gobierno. Las dos opciones de poder se diferencian absolutamente en todo, menos en un pequeño detalle: ambas ofrecían, al menos en la última elección de Chávez, una producción petrolera de 6 millones de barriles diarios para el final de este período constitucional. En todo lo demás desacuerdo, excepto en la idea de reforzar el modelo rentista petrolero. En eso hay coincidencia, pero eso es lo que hay que discutir. El problema del rentismo en Venezuela es que aquí hay consenso nacional rentista.

La polarización reduce todo a la inmediatez

–Usted afirma que en Venezuela no hay conciencia de lo que está en crisis. ¿A qué atribuye eso?

–Hay un elemento de la coyuntura que no se puede obviar. Aquí ha venido operado la polarización política de tal forma que ha empobrecido extraordinariamente la capacidad de reflexión. Todo se convierte en blanco y negro, hay una especie de filtro que todo lo transforma en gobierno u oposición. Hay una incapacidad para escarbar más allá de la coyuntura, para ver qué es lo que nos está pasando como sociedad.

–¿Cree que nos hemos embrutecido con la polarización?

–No sé si lo llamaría embrutecimiento, pero con toda seguridad hay un empobrecimiento de la reflexión intelectual porque la polarización también hace que la reflexión sea muy de la coyuntura, muy de la inmediatez. No hay espacios, ni ha habido espacios en la sociedad venezolana, para una reflexión que vaya más allá, que se distancie del día a día, que se pregunte ¿qué nos está pasando como país?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde queremos ir?, ¿cómo estas propuestas que se ponen sobre la mesa dan cuenta de unas cosas, pero obviamente no dan cuenta de otras?

En las universidades, el asunto es dramático. En la Bolivariana, en lugar de haber una discusión sobre cómo cambiar la sociedad y cuáles son los retos, lo que hay es una tendencia hacia la oficialización dogmática de un discurso, pero igualmente pasa en las universidades autónomas, en donde se ha instalado un sentido común de oposición. Entonces, ¿dónde está el debate? Si lo vas a buscar en los medios impresos o en la televisión, lo que vas a encontrar es tremendamente limitado.

–Recientemente, la UCAB hizo una serie de propuestas al país, digamos como algo excepcional, pero lo que priva es un medio en el que unos y otros se han apoltronado en la trinchera ideológica donde se siente más a gusto. ¿No cree que sea una conducta tremendamente irresponsable?

–Dramáticamente irresponsable, porque no es un asunto que concierne solamente a Venezuela. Actualmente nos enfrentamos en el planeta con condiciones que son extraordinariamente diferentes con las cuales se construyó la política hasta hace muy poco. En primer lugar tenemos que confrontar el hecho de que el patrón civilizatorio de crecimiento de la sociedad está destruyendo las condiciones que hacen posible la vida en esta tierra y nos estamos acercando peligrosamente a un límite en el cual, con toda seguridad, se producirían cambios de naturaleza catastrófica e irreversibles. Ni siquiera está garantizada la sobrevivencia de la especie humana, si se sigue en este proceso de destrucción, de deforestación, de emanación de gases de efecto invernadero, de calentamiento global, de sobrepesca en los mares, etc, etc.

Es necesario reconocer que estamos ante la crisis de un patrón civilizatorio que ha sido muy hegemonizado por el capitalismo y que forma parte de la subjetividad de cada uno de nosotros. Ha logrado instalarse como deseo, como expectativa, como noción… Entendemos y vivimos la vida como bienestar material, como abundancia creciente. Estamos montados sobre una locura colectiva, pero no sobre la base de la ignorancia, sino a pesar del saber, a pesar de conocer, a pesar de tener toda evidencia de que lo que hacemos es una locura, es destructivo y no es sostenible. Sin embargo, seguimos adelante.

El fantasma de la violencia y la guerra civil

—El resultado de las elecciones parlamentarias o un referéndum revocatorio no son el componente de la ecuación que resolverá el tema del “aterrizaje forzoso”. En el siglo XIX de la historia de Venezuela eran las montoneras y en el siglo XX los golpes de Estado. ¿Estamos a las puertas de una salida violenta?

—A mí lo que me preocupa, y lo que más me ha preocupado, es que en Venezuela se instale un estado de violencia política. La sociedad venezolana es extraordinariamente violenta. Basta ver la estadística de homicidios. Pero a pesar de eso, desde el punto de vista de la confrontación política, aparte de episodios como La Salida, en 2014, esa violencia extendida no se ha traducido en violencia política en una escala importante.

Pero no hay nada que nos diga en qué momento ese quiebre puede darse. En esta sociedad hay una distribución de armas muy extendida, muy “democrática”, uno no puede prever acciones y reacciones, en el plano de la violencia, que una vez que se desaten sean muy difíciles de controlar. Y eso va más allá, obviamente, de la voluntad de la dirigencia del gobierno o de la dirigencia de la oposición. Esa es una amenaza real.

—Así como el planeta avanza en la locura de la destrucción de la vida humana, nosotros avanzamos en nuestra propia locura política. ¿Por qué seguimos avanzando?

—Creo que eso tiene que ver, nuevamente, con el cortoplacismo y la lectura polarizada de todo. O sea, los culpables son los otros, los que están del otro lado. Nosotros somos pacíficos, tranquilos y el gobierno es represivo y dictador o, por el contrario, los otros son agentes de la CIA. La dimensión epistemológica de la polarización, es el bloqueo del conocimiento de lo que está más allá de la lectura inmediata y a veces la lectura de cosas que pudieran ser obvias, pero que están más allá de lo inmediato, aunque sean medianamente reconocidas, son apartadas o dejadas a un lado, porque la mirada de la coyuntura de la polarización determina todo lo demás y eso genera una ceguera colectiva. Y en esa ceguera se pueden dar casos o situaciones en la dirección que nadie quiere. Pero aún se siguen dando los pasos. No estoy diciendo que estamos caminando hacia la violencia política o a una guerra civil. No quiero que se entienda que lo estoy pronosticando. Pero no estamos tomando las medidas que garanticen que eso no pase.

–Se acabó el espacio para la confrontación electoral entre dos modelos contrapuestos. Diría que eso se extinguió. ¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Cuáles son las alternativas que tiene esta sociedad para enfrentar los grandes problemas que tiene?

–Yo diría, en primer lugar, que habría que reconocer la situación en la cual nos encontramos. Reconocer más allá de la coyuntura, más allá de si gano o pierdo las elecciones, que como sociedad estamos montados sobre una lógica que tiene una extraordinaria inercia, que lleva a que los problemas fundamentales no estén siendo debatidos, sino más bien a que sean enunciados, pongamos el caso del rentismo petrolero, tal como se mencionó, pero eso no deja de ser una letanía y como toda letanía es inútil.

Aquí hay responsabilidades, posibilidades y opciones en todos los ámbitos. Me referí a la necesidad de recuperar el espacio universitario, por ejemplo, como un lugar idóneo para la reflexión colectiva sobre la contraposición de posibilidades de país, pero eso en Venezuela, en lo fundamental, está perdido, hay un empobrecimiento radical de la producción académica, que es extraordinariamente lamentable, porque la producción intelectual mono ideológica, no va para ninguna parte.

La lógica leninista contra el tejido social solidario

–¿No se supone que las universidades son esclavas del libre pensamiento?

–Se supone. Pero por otra parte, también hay otro terreno en el cual están pasando cosas de organización y de búsqueda. Me refiero al mundo popular organizado. La apuesta política más importante de transformación que se planteó el chavismo es esto que se denomina poder popular, comuna, consejos comunales, mesas técnicas de agua. El problema es que este proyecto de organización popular en Venezuela ha estado atravesado, desde sus inicios, por una profunda contradicción.

Por una parte, la noción de autogobierno, la noción de políticas sociales orientadas a fomentar el tejido social orgánico de los sectores populares —el mejor ejemplo es el inicio de Barrio Adentro, si la comunidad no hace el censo, si no sabe quiénes son las mujeres embarazadas, si no hace el enlace con las instituciones para conseguir los medicamentos, ¿qué puede hacer un médico cubano?, pues no funciona, no pasa nada, y eso estuvo pensado así desde sus inicios—, pero desde que el proceso venezolano se declara socialista, en 2005, comienza a institucionalizarse una organización más rígida y la noción de que el Estado dirige, controla. Digamos, la instalación de una lógica leninista en la relación del Estado con la sociedad.

—¿Mucho más burocrática?

—Sí, pero yo me refiero a la lógica leninista de verticalidad.

—Que ya sabemos adónde conduce

–Sí, claro, no es que estamos empezando de cero como si no hubiera pasado nada en el mundo. Conocemos la Historia. Entonces, ¿qué ha pasado? En la relación de este proceso de construcción de tejido social —comunas, consejos comunales, poder popular— hay una contradicción permanente entre el impulso organizativo, que ha sido real y que efectivamente impactó a una sociedad relativamente poco organizada y sometida a la lógica de la partidización de los tiempos anteriores, generando experiencias variadas y diversas, algunas de gran riqueza, pero a la vez envueltos en la contradicción de depender de los recursos públicos y sometidos a la lógica leninista, cuya caricatura son los consejos comunales rojos rojitos.

Si te planteas otro patrón de democracia, desde las bases, desde el autogobierno y la pluralidad de las comunidades, eso pasa necesariamente por formas de organización popular que reflejen la diversidad de la existencia del pueblo.

–Si ha sido el caso, se liquida la democracia participativa.

–Claro. En la medida en que esta lógica se impone, obviamente, aplasta la democracia participativa. Lo que quiero destacar es que en Venezuela esta relación ha llevado a resultados diferentes en distintos lugares del país. Hay experiencias donde uno advierte una organización popular real y eso tiene que ver con muchas cosas, tiene que ver con las particularidades concretas de la gente que vive allí, si la gente tuvo o no una experiencia política previa, si tenía capacidad para mirar el chavismo desde una experiencia diferente o, por el contrario, si esa es la primera vez que nos reunimos en asamblea para hablar de los problemas colectivos, o si es la primera vez que hacemos un censo para identificar prioridades, en donde alguien podría preguntar “¿qué es eso de autonomía?” “¿a qué viene ese cuento?”.

Creo que con el tiempo se fue instalando más la lógica de control vertical y una caricatura de consejos comunales rojos rojitos. Pero de todas maneras ha habido una experiencia popular extendida, que en muchos lugares sigue activa, sigue vigente, sigue reaccionado.

Sin embargo, cuando uno advierte cómo ha reaccionado el mundo popular venezolano ante la crisis de los últimos dos años, a la inflación y a la escasez fundamentalmente, uno puede preguntarse ¿Y el tejido social solidario que se venía construyendo en estos años, qué paso? Resulta que encontramos que este tejido social tenía unos niveles de fragilidad mucho mayores de los que parecía hasta hace unos tres años y la respuesta a la crisis no ha sido precisamente solidaria, sino individual y competitiva. De acuerdo a Datanalsis, el 70% de la gente que hace cola son bachaqueros.

–Uno pudiera pensar que esas experiencias populares tal vez sirvan para contener una salida autoritaria, pero si la relación ha sido francamente leninista y, además, la respuesta ante la crisis ha sido individual y competitiva, tal vez no haya una respuesta política y la gente opte por quedarse en sus casas.

–¿Tú estás planteando una salida autoritaria dirigida por quién?

–Por factores políticos distintos al gobierno o por el hecho de que se profundice la línea leninista, que no sería otra cosa que la instauración de un Estado totalitario.

–Creo que las posibilidades de una salida autoritaria, ya sea por la vía de una ruptura constitucional por el propio gobierno, si ve que va a perder las elecciones o una salida extra constitucional, por el otro lado, como obviamente se planteó el año pasado y que no era precisamente una “salida” para la recuperación de la democracia ni nada por el estilo, no las veo como cosas probables que ocurran.

Después de tiempos de una extraordinaria politización, actualmente hay en la población venezolana una especie de cansancio y descreimiento. Yo no encuentro grandes pasiones que estén operando ni a favor del gobierno, ni a favor de una movilización amplia de una alternativa distinta. Creo que si se cumplen los pronósticos de las encuestas y la oposición gana las elecciones parlamentarias, esto no va a ser un acto de gran movilización popular, sino una especie de voto castigo y de hartazgo ante las dificultades de la vida cotidiana.

Repito, a mí lo que más me preocupa es que más allá de la voluntad del PSUV, más allá de la voluntad de la mayoría de la MUD, pueden desatarse procesos que generen violencia, que tengan consecuencias difíciles de controlar. A medida que nos acerquemos a diciembre, puede haber situaciones de creciente tensión. No veo en ninguno de los dos lados, repito, el propósito de crear las condiciones para una guerra civil. Pero las guerras civiles que conocemos nunca fueron declaradas. Así no pasan esas cosas.

La corrupción ha permeado a amplios sectores

–A mayor crisis, mayor visibilidad de la corrupción. Sin embargo, hay hechos manifiestos e inocultables (los 20 mil millones de dólares de los que habló el ex ministro Giordani), ¿Ese hecho no acelera el hartazgo hacia la política y aumenta el deseo de darle la vuelta a la tortilla?

–Lo que pasa es que ese ingrediente es extraordinariamente complejo y está en todas partes. Por ejemplo, en todo el manejo de las divisas ha habido un componente fundamental de corrupción del sector privado. No es algo que se le pueda atribuir sólo al gobierno. A mí me parece creíble que hay una naturalización de la corrupción en la sociedad venezolana actual, donde los límites de lo aceptable y lo no aceptable, terminan por desdibujarse.

La corrupción ha permeado hacia sectores muy amplios de la sociedad. Las formas en que opera el bachaqueo, al igual que el contrabando de extracción, por ejemplo, son modalidades de la corrupción; pensar que esas son mafias organizadas en las ciudades, obviamente, no es cierto. Me contaban que en una cola, en Barquisimeto, gente con posturas de oposición decía:vamos a tener que votar por el gobierno, porque gracias a este gobierno existen estas colas y con el bachaqueo nos estamos metiendo el billete que nos estamos metiendo. Hay una descomposición ética que está operando muy fuerte.

–En la corrupción hay una participación importante del sector militar, pero de eso se habla muy poco en Venezuela.

–Ese es un tema muy importante para reconocer, en estos años de chavismo, por qué hemos llegado a donde hemos llegado y eso tiene que ver con el componente militar. La cultura militar es por definición vertical y autoritaria y por lo tanto es contradictoria con una noción de democracia pensada en términos igualitarios, horizontales, participativa. Son dos patrones culturales que muy difícilmente se pueden encontrar.

–¿No cree en la alianza cívico militar?

–Yo creo que la forma en que se ha dado la presencia masiva de militares en la gestión pública ha bloqueado de forma permanente el ejercicio de la democracia, entre otras cosas, porque la democracia pasa por la transparencia y la lógica militar implica lo contrario, la opacidad.

Creo, por ejemplo, que las formas primarias de la corrupción en estos años, han tenido que ver con el estamento militar, con la particularidad de que los militares operan con espíritu de cuerpo, lo que hace mucho más difícil la posibilidad de denunciar, de investigar, de controlar y, por otra parte, el apoyo militar ha sido demasiado importante para este gobierno como para que los civiles que gobiernan se atrevan a tocar demasiado al sector militar. Se ha vuelto algo inasible.

Cuando uno ve lo que ocurre con el contrabando en la frontera o con la explotación del oro en Guayana resulta que esas cosas no son controlables, porque en cada uno de los casos está la Guardia Nacional u otro componente militar que forma parte del negocio. Los cuentos que llegan del estado Bolívar es que cuando se renueva un grupo militar las cosas cambian por unas semanas y rápidamente se encuentran los mecanismos en los que terminan envueltos en las cadenas de corrupción.

El Estado, en esas condiciones, carece de instrumentos con los cuales regular y controlar estas actividades ilegales, porque los instrumentos con que cuenta terminan siendo copartícipes de aquellas cosas que se quieren regular o controlar. Hay un tema fundamental de recuperación de la democracia que tiene que ver con sacar de la gestión pública al sector militar.

—¿Hay proceso bolivariano? ¿O no hay? ¿O simplemente esto se agotó?

—En términos globales de balance, que ya podemos hacer después de tres lustros, es que esto, como proceso de transformación de la sociedad venezolana, en lo fundamental fracasó. Y fracasó porque no cuestionó el modelo productivo rentista, que era una condición indispensable para lograr esa transformación. Si eso no se toca, ninguna otra cosa es posible. Fracasó porque repitió la lógica del llamado socialismo real, según la cual la sociedad se puede cambiar desde el Estado. Una reorganización de arriba para abajo, mientras la experiencia demuestra que eso es una imposibilidad.

—Más que una imposibilidad es una tragedia.

—Claro, una imposibilidad trágica, pero que tiene consecuencias. Creo que es absolutamente indispensable salir de esa trampa maniquea de pensar que es Estado o mercado, y la posibilidad de reconocimiento de que la sociedad es mucho más que una cosa o la otra. La sociedad es un conjunto de formas de vida, de tejido social, de institucionalidades, de prácticas colectivas y cuando la sociedad es sometida a una lógica de organización vertical desde el Estado o a una lógica de mercantilización de todo lo que hay en ella, conducen por igual a situaciones donde no es posible la vida, donde no es posible la democracia.

Fuente:http://www.contrapunto.com/noticia/edgardo-lander-el-tejido-solidario-devino-en-un-bachaqueo-individualista-y-competitivo/

Entrevista a François Morin, economista francés de la Universidad de Toulouse: “El oligopolio bancario actúa como una banda organizada”

El mundo, la política, las democracias y las finanzas están dominados por una hidra mundial compuesta por 28 grandes bancos internacionales cuyas políticas fijan el curso no sólo de las finanzas sino, también, de las democracias parlamentarias. Este es el argumento implacable y rigurosamente demostrado por el economista francés François Morin en el libro de investigación que acaba de aparecer en Francia: La Hidra Mundial, el Oligopolio Bancario (Lux Editeur). Profesor emérito de ciencias económicas en la Universidad de Toulouse, François Morin fue miembro del consejo general del Banco de Francia y del Consejo de análisis económico. “La hidra mundial” es un conglomerado de 28 bancos coordinados entre sí –”interconectados”– que manejan el mercado cambiario, las tasas de interés, crean los productos tóxicos por los cuales luego pagan los Estados, o sea, los ciudadanos, influyen en las políticas económicas y modelan las democracias a su antojo.

El libro de François Morin –también autor de Un mundo sin Wall Street– revela datos bancarios inéditos sobre el poder de esta hidra globalizada cuya potencia, por primera vez en la historia, dio vuelta la relación de fuerzas entre lo público y lo privado. Maniobras fraudulentas, pactos secretos, lobby contra la democracia, manipulación de los mercados, estos bancos “sistémicos” desempeñan un papel nefasto en las sociedades del mundo al tiempo que han hecho de la democracia un rehén de sus intereses privados.

Un dato basta para medir sus brazos: estos 28 bancos detentan recursos superiores a los de la deuda pública de 200 Estados del planeta. Las investigaciones llevadas a cabo en 2012 demostraron, en parte, los meandros de sus maniobras secretas. François Morin completa la investigación con un libro de una gran solidez analítica donde las cifras, expuestas sin el tamiz de la ideología, fluyen como un oráculo de lo que vendrá. Hoy son estados disminuidos, que han perdido su soberanía monetaria y que tienen enfrente a un gigante hípervigoroso. Actualmente, el 90 por ciento de la moneda es creada por los bancos, contra el 10 por ciento por los bancos centrales. Ahora bien, ese oligopolio manipula según como le conviene los dos parámetros fundamentales de la moneda: la tasa cambiaria y la tasa de interés. “Los Estados son a la vez rehenes de la hidra bancaria y están también disciplinados por ésta”, dice Morin. Entre los 28 bancos del oligopolio, hay 14 que “producen” los productos derivados tóxicos cuyo valor alcanza los 710.000 millones de dólares, o sea, el equivalente a 10 veces el PIB mundial.

El autor insiste en llamar a una movilización mundial para recuperar la dimensión política secuestrada por el sector financiero privado y no cesa de advertir que seguimos en “estado de emergencia” porque, en el horizonte, se van formando las figuras del rompecabezas de un nuevo cataclismo. La hidra bancaria se ha transformado en un oligopolio vandálico para la economía mundial y la estabilidad de las sociedades.

–Usted demuestra la existencia de un oligopolio compuesto por 28 bancos que están únicamente al servicio de sus propios intereses. ¿En qué condiciones y en qué momento surgió este oligopolio?

–Este oligopolio comenzó a emerger a mediados de los noventa. Fue la liberalización completa del mercado de capitales lo que permitió la creación de vastos mercados monetarios y financieros a escala planetaria. Los grandes actores bancarios de esa época se adaptaron a este estado del mundo. Hay que señalar que esta liberalización completa del mercado de capitales interviene luego de dos liberalizaciones precedentes en los setenta: la del mercado cambiario y la de la tasas de interés. El oligopolio se crea entonces cuando estos tres procesos llegan a su término. Entonces podemos decir que a partir de 1995, hay bancos que se tornan sistémicos a escala mundial, es decir, que la caída de uno de ellos puede provocar un cataclismo financiero mundial.

–¿Cómo influyó este oligopolio en la crisis argentina de 2001?

–Desde luego que hay una relación. Este oligopolio cuenta en su seno con 14 bancos que fabrican productos (financieros) derivados, en especial productos que dependen de la tasa cambiaria. Ahora bien, la mayoría de las crisis sistémicas que conocimos a partir de 1990, sea en los países del Sudeste Asiático, en Brasil o en Turquía, fueron crisis provocadas por la especulación internacional, por el movimiento de capitales. Este movimiento fue además amplificado por los productos derivados creados con la tasa cambiaria. La crisis argentina de 2001 fue una crisis acelerada por estos productos que le permiten a la especulación internacional poder ganar mucho y rápidamente. Cuando Argentina, en 2001, se apartó del dólar hubo una fuerte especulación autorizada por la globalización de los mercados financieros y por los productos derivados que, en aquel entonces, estaban fabricados por los grandes bancos internacionales.Catorce de estos bancos especularon contra Argentina.

–Entre las revelaciones de su libro, la más sorprendente es que usted demuestra que el peso de estos 28 bancos supera la deuda pública mundial.

–La potencia real de estos 28 bancos, o sea, su capacidad para movilizar recursos financieros, es enorme: el balance global del conjunto de estos bancos es, en 2012, superior a la deuda pública de 200 Estados. Por un lado, esto muestra la potencia fenomenal de estos bancos y, por el otro, lamentablemente, la debilidad de los Estados, que están sobreendeudados. Hay pues una debilidad ante la fuerza fenomenal que está frente a ellos.

–¿En qué momento de nuestra historia reciente ese oligopolio se convierte en lo que usted llama “una hidra mundial”?

–Empieza cuando nos damos cuenta de que, al final, esos bancos se ponen de acuerdo entre ellos, que practican una suerte de colusión. Esos bancos actúan como una banda organizada para influenciar colectivamente los principales precios de la finanza mundial, en especial las tasas cambiarias y las de interés. Las primeras investigaciones sobre estos bancos son recientes. Se remontan a 2012 y muestran que esas prácticas de colusión empiezan realmente en 2005. En concreto, entre los noventa y 2005 el oligopolio comienza a formarse y, a partir de 2005, sus prácticas se vuelven corrientes. Estamos en presencia de un actor colectivo que se torna devastador para la economía mundial. Es una hidra devastadora.

–La interconexión entre los miembros del oligopolio se extiende a muchos campos…

–Actúan en varios mercados. El mercado cambiario es uno de los más grandes del mundo porque hoy se cambian 6.000 millones de dólares cada día. En 2012 se descubrió que cinco bancos controlaban el 51 por ciento de ese mercado. Pero también manejan el mercado de las tasas de interés a corto plazo y el mercado de ciertos productos derivados. Este es un poco el abanico de sus actos delictuosos por los cuales pagaron multas que, en relación con sus ganancias, son insignificantes.

–¿En qué medida las acciones de este oligopolio explican las políticas de austeridad que están en curso poco menos que en todas partes?

–En primer lugar, por la negativa a la realidad del sobreendeudamiento de los países europeos. Cuando se observan los datos no quedan dudas: antes de la crisis el endeudamiento europeo era del 60 por ciento del PIB. Pero a partir de 2007, justo cuando empieza la crisis, ese endeudamiento se acrecienta brutalmente. El sobreendeudamiento actual está ligado a las causas de la crisis financiera y no al despilfarro en las finanzas públicas, como nos lo quieren hacer creer. Hoy se cree que mediante políticas presupuestarias rigurosas se va a combatir el sobreendeudamiento, pero eso es totalmente erróneo. La crisis es una consecuencia del comportamiento de los grandes bancos durante la crisis de los subprimes (productos financieros especulativos). Si se quiere reducir la deuda pública actual y futura, habría que actuar sobre esos comportamientos. Pero estos bancos siguen haciendo lo mismo que en el pasado. Sin crecimiento y sin inflación el sobreendeudamiento no se resolverá nunca, menos aún con políticas presupuestarias de austeridad. Estamos en un camino sin salida.

–Usted afirma que los Estados son rehenes de esos bancos.

–Sí. Los Estados no osan poner en tela de juicio las prácticas de esos grandes bancos. Estas instituciones desarrollaron lógicas financieras muy peligrosas, son responsables de la inestabilidad monetaria y financiera internacional, pero los Estados están desarmados frente a este oligopolio que es capaz de derrotar las legislaciones que se elaboran para desarmarlo. La lógica financiera perniciosa que existía antes de la crisis de 2007 persiste.

–De hecho, este oligopolio constituye una amenaza para las democracias. Peor aún, las modela a su antojo.

–Resulta claro que desde el momento en que los Estados dejan de tener un margen de maniobra, que están sometidos a las obligaciones presupuestarias y, encima, como ocurre desde los setenta,que pierden su soberanía monetaria, todo esto converge en un debilitamiento progresivo de nuestras democracias. Cuando el arma monetaria desaparece, cuando no se cuenta más con el arma presupuestaria, el Estado queda disminuido frente a potencias económicas que lo enfrentan y lo denominan. Hoy, en la mayoría de los grandes países, las democracias se caen y pierden su sustancia ante un mundo económico y bancario súperpoderoso.

–La sensación global que deja la lectura de su libro es que el cataclismo siempre nos acecha.

–Sí, el cataclismo está por venir, fundamentalmente porque los grandes bancos no cambiaron su lógica financiera. Estamos ante grupos privados que actúan según sus propios intereses y que son híperpoderosos. Por consiguiente, las mismas causas producen los mismos efectos. La inestabilidad financiera persiste y como las deudas públicas no hacen más que aumentar en todos los países desarrollados, nos encontramos con la amenaza creciente de una explosión de la burbuja de las obligaciones. Las deudas están constituidas por obligaciones financieras y, como la deuda aumenta, hay un momento en el cual la burbuja explotará y tendremos un cataclismo financiero tanto más grave que los vividos hasta ahora, ya que los Estados, debido a sus políticas de rigor fiscal, no podrán intervenir. No se ha cambiado ni un ápice de la lógica profunda de la globalización de los mercados y tampoco se ha querido romper el oligopolio. Resulta evidente que todas las condiciones están reunidas para que tengamos otro cataclismo.

–Usted resalta también un hecho que parece de ciencia ficción: ese oligopolio logró transformar la deuda privada en deuda pública.

–En 2007, 2008, los grandes bancos detentaban los productos tóxicos, pero, en vez de reestructurar a esos bancos, en vez de hacerles pagar por las consecuencias de los efectos comportamientos, los Estados intervinieron para recapitalizar a los bancos o nacionalizarlos. Al final, esas obligaciones que representaban una deuda privada se transformaron en deuda pública. Pagaron los contribuyentes.

–¿Es la primera vez en la historia de la humanidad que la relación de fuerzas entre lo privado y lo público se da vuelta?

–Es la primera vez que tenemos un mundo tan globalizado donde los capitales pueden desplazarse de un lado al otro del planeta a la velocidad de la luz, y donde hay actores tan potentes frente a los Estados. En el pasado hubo confrontaciones entre el poder financiero y el poder político, pero es la primera vez en la historia que esa confrontación tiene lugar a escala mundial. Esa es la novedad.

–Entonces revolución, movilización ciudadana… ¿Por dónde transitar con una sociedad global que ha perdido su potencia, su capacidad de acción decisiva, que ha entregado su conciencia democrática y ciudadana a cambio del nuevo estatuto de consumidor planetario?

–Lamentablemente, lo que va a pasar es que, si no se hace nada, habrá una nueva crisis financiera. Y esta actitud pasiva, apática, puede acarrear trastornos enormes cuyos efectos políticos y sociales serían dramáticos precisamente porque ese trastorno no fue anticipado por las fuerzas políticas y sociales. Desde luego, se requieren movilizaciones ciudadanas. No será fácil. Mire lo que ha ocurrido en Grecia, con el Primer Ministro Alexis Tsipras y el partido Syriza. Las trabas para cambiar la relación entre lo político y lo económico han sido gigantescas. La historia no ha terminado aún. Hemos visto a un gobierno aceptar un acuerdo en el cual no cree. ¡Esto nos muestra hasta qué punto se ha puesto en tela de juicio la democracia! En España, con el movimiento Podemos, tal vez ocurra lo mismo. No creo que se pueda decir por adelantado que las movilizaciones ciudadanas iniciarán los cambios que esperamos. Tal vez, con las redes sociales y los movimientos, podamos esperar que comience un proceso. Hace falta una palabra política fuerte capaz de sintetizar el mundo de hoy y, también, lanzar la consigna capaz de abrir el camino de cambios reales. Las contradicciones que hemos visto en Grecia son el punto de incandescencia de estas cuestiones. Nada ha terminado. Como se dice popularmente ¡si nos gustó la temporada uno en Grecia, vamos a adorar la temporada dos! Lo cierto es que sin acción colectiva no saldremos de esto. ¿Cómo imaginar lo que viene, cómo dar vuelta esta relación de fuerzas totalmente desigual entre las potencias bancarias y los Estados debilitados? Reconozco que las democracias están en peligro, pero creo que la única solución pasa por una reconquista política que puede tomar varias formas. En el curso de los últimos años, los Estados han ido abandonando progresivamente su soberanía política, monetaria y presupuestaria. Debemos tomar en cuenta la realidad de la globalización del mundo. Los Estados tienen que recuperar su margen de maniobra, su soberanía, pero dentro de un marco organizado, a escala planetaria. Ello supone que los Estados actúen colectivamente organizando, por ejemplo, una gran conferencia del tipo Bretton Woods (1944). Otro camino consiste en que los ciudadanos empujen a los Estados a actuar, en todo el mundo, con movimientos diversos. Sin embargo, antes que nada, estas opciones suponen que se tome conciencia del estado del mundo, de las relaciones de fuerza existentes. Es indispensable que lo político vuelva al primer plano de la gestión de los asuntos económicos. La moneda debe ser un bien público y no un bien privado.

–En suma, se trataría de adormecer al consumidor y despertar al ciudadano globalizado. En este contexto, la crisis griega es la explosión visible de la degradación de las democracias occidentales.

Los griegos tienen algo muy fuerte en su historia milenaria: siempre tuvieron el sentido de lo político. Desde los inicios de la democracia en Grecia, los debates siempre fueron muy ricos, hasta violentos. Eso es lo hay que despertar hoy en el mundo. Los griegos nos están mostrando cómo hacer política. Nos encontramos en estado de urgencia.

Lista de los 28 bancos que componen el oligopolio

J. P. Morgan Chase
Bank of America
Citigroup
HSBC
Deutsches Bank
Groupe Crédit Agricole
BNP Paribas
Barclays PLC
Mitsubishi Ufjfg
Bank of China
Royal Bank of Scotland
Morgan Stanley
Goldman Sachs
Mizuho FG
Santander
Société Générale
ING Bank
BPCE
Wells Fargo
Sumitomo Mitsui FG
UBS
Unicrédit Group
Crédit Suisse
Nordea
BBVA
Standart Chartered
Bank of New York Mekon
State Street

El balance total de estos bancos es de 50.341 millones de dólares.

ENTREVISTA REALIZADA POR: Eduardo Febbro

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-278454-2015-08-02.html

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