Venezuela, mentira y fraude en nombre del marxismo. Por: Rolando Astarita

Pocos días atrás el marxista argentino Claudio Katz aseguró, refiriéndose a la situación actual en Venezuela, que “el grueso de los asesinatos afecta a militantes del chavismo” (“La aplicación de Gramsci a Venezuela implicaría hoy asumir decisiones revolucionarias”, Rebelión, 6/5/2017 http://rebelion.org/noticia.php?id=226296). Una afirmación que, a la luz de toda la evidencia disponible, emitía un insoportable tufo de simulación y encubrimiento.

Pero ahora es Luisa Ortega, la fiscal general de Venezuela, la que desnuda la mentira: en 54 días de protesta y represión hubo 55 muertos, de los cuales 52 eran civiles y tres de la Guardia Nacional o de la Policía Nacional. También hubo 771 heridos civiles y 229 heridos de las fuerzas represivas. En conferencia de prensa Ortega informó que 19 funcionarios de seguridad están imputados y que sobre 18 pesan órdenes de detención. Además abrió 16 investigaciones contra paramilitares, preocupada por la “proliferación de esos grupos”. Ortega añadió que el Ministerio Público tiene pruebas de cientos de saqueos perpetrados por agentes de la Policía y la Guardia Nacional, así como de ataques a ciudadanos indefensos por parte de bandas armadas que responden al Gobierno. Asimismo aseguró que la muerte del joven Juan Pernalete se debió al impacto de un cartucho de gas lacrimógeno disparado durante una manifestación opositora el pasado 26 de abril. El Gobierno había dicho que Pernalete murió por un proyectil salido de las filas de los propios opositores. Precisemos que a la cifra de 52 civiles muertos hay que agregar a Adrián Duque Bravo, de 23 años, asesinado en la noche de ayer, 24 de mayo, en Maracaibo, durante una manifestación.

Se ha dicho que lo de Katz es un error. Discrepo. Aquí no hay error, sino mentira y falsedad con plena conciencia. Es el producto natural de la adaptación de una parte de la izquierda al Estado y al régimen burgués. En una nota anterior, titulada “Marxismo acomodaticio, o crítico y subversivo”, escribí:

Los capitalismos de Estado y los socialismos burgueses, así como antes los regímenes stalinistas, también han sabido adquirir las voluntades y las conciencias de muchos intelectuales de izquierda, incluso de muchos marxistas, con lisonjas y favores materiales de todo tipo.

 Estos marxistas saben perfectamente de lo que estoy hablando. Son los que acomodan siempre su discurso a lo que consume el sentido común bienpensante de la izquierda. Son los habitués de Conferencias y Congresos internacionales, a los que concurren para pronunciar sus previsibles discursos contra “el imperio y el capital financiero internacional”, para terminar aplaudiendo la “firmeza antiimperialista” del burócrata de turno que les ha pagado el viaje, el hotel, las recepciones y los viáticos acordes con la “alta función revolucionaria del compañero que nos visita”. Son los que se postulan como consejeros de izquierda del “burócrata socialista” o del “socialista burgués” que les va a subvencionar la próxima edición del libro que acaban de escribir. O los que conceden ideológica y políticamente todo lo que les pide el político o funcionario “progre” de turno, a cambio de que les financie un centro de investigación, o les abra la puerta de los medios de prensa –“nacionales y populares”, faltaba más- disponibles.

De esta manera, se ha engendrado toda una ristra de amanuenses intelectuales que danzan al compás de la música que les ponen, y que justifican lo que les dicen que tienen que justificar. (…)

… hace muchos años, justo después de la caída del Muro, la esposa de un funcionario y destacado intelectual del PC argentino, que viajaba con su marido rutinariamente a la URSS, me decía: “íbamos a las Conferencias y paseábamos por las calles, y no veíamos lo que estaba a nuestra vista”. Es claro que el “ver” le hubiera costado a esta pareja de “altos revolucionarios” algún serio disgusto en materia de viajes, recepciones y honores. No encuentro mejor ejemplo de lo que quiero significar cuando hablo del “marxismo acomodaticio”. Por eso, no habrá forma de reconstruir el contenido crítico, subversivo y humanista del marxismo si no acabamos con estos comportamientos ovejunos frente a los poderes establecidos, así estos se llamen “de izquierda” (aquí).

Agrego: Trotsky alguna vez dijo que las mentiras de los stalinistas afectaban la atmósfera moral del movimiento obrero. “Los stalinistas están envenenando sistemáticamente con mentiras a la vanguardia del proletariado mundial” (“Algunos resultados de las amalgamas de Stalin”, enero de 1935). Lamentablemente, la historia se repite. Los marxistas “nacionalistas-estatistas”, no solo de Venezuela, sino también de América Latina y Europa, dijeron a los trabajadores que el programa del socialismo se reconstruía con el chavismo, de la mano de milicos, burócratas, arribistas y burgueses enriquecidos de la noche a la mañana. Colaboraron así con el fraude ideológico y político. Ahora, ante la debacle, no vacilan en mentir para defender la represión y el asesinato. Como ha sucedido a lo largo de la historia del stalinismo, demuestran no tener límites (y seguramente ahora van a decir que la fiscal general es agente de la CIA”).

No tengo nada que ver con esta gente. No hay síntesis posible con ellos. El socialismo será obra de los trabajadores mismos, o no será más que la reproducción de toda la podredumbre de la actual civilización burguesa.

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