Sobre el chavismo y la tradición crítica del marxismo. Por: Rolando Astarita

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En varias ocasiones defensores del chavismo me han acusado de que en este blog se dedican extensas notas a los gobiernos de Chávez y Maduro, pero no a otros gobiernos capitalistas. ¿Por qué tantas críticas a Chávez, y no a Temer, Obama, Rajoy, Hollande o Trump?, preguntan algunos. Si el mundo está lleno de gobiernos capitalistas, ¿por qué focalizarse en Chávez, o Maduro?Pues bien, la respuesta a estas preguntas es sencilla: gobiernos como el de Temer, Macri, Obama, Rajoy, Hollande, Obama o Trump, se definen abierta y explícitamente como capitalistas. Por lo tanto, la crítica marxista a estos gobiernos está subsumida en la crítica más general al modo de producción capitalista y su Estado. Por eso, cuando por ejemplo Marx criticaba al sistema capitalista, poniendo la atención en Gran Bretaña, no hacía mayores distinciones sobre si el primer ministro era Gladstone o Disraeli; o si estaban al frente del Gobierno los conservadores o los liberales. La crítica central era al sistema capitalista y su Estado, y en ese marco, a los gobiernos que defendían el sistema de explotación (al pasar, digamos también que a Marx no se le ocurrió jamás exigir la renuncia del primer ministro inglés para, por ejemplo solucionar una crisis capitalista).

Por otra parte, frente a ese tipo de gobiernos no hay necesidad de estar explicando que, por ejemplo, un Temer o un Macri no están luchando contra el capital financiero internacional, o por el socialismo; ni Marx tenía que explicar que Gladstone o Disraeli no eran socialistas. Nunca hubo confusión ideológica en este sentido. Por eso, la crítica en estos casos pasa por demostrar, por ejemplo, por  qué la relación capitalista implica necesariamente explotación; o por qué el Estado “no es de todos”, etcétera.

Distinto es lo que sucede con los personajes, partidos y gobiernos que se presentan como socialistas, o incluso marxistas, y llevan al movimiento de masas a la desmoralización y al desastre. O con aquellos que colaboran en la continuidad de la explotación del trabajo, pero bajo la cubierta de un discurso de izquierda. En estos casos es imposible evitar la argumentación minuciosa y en profundidad, específicamente dirigida a desnudar el contenido social y político de lo que se quiere disfrazar. Esta es la razón por la cual el marxismo ha dedicado un enorme espacio a la crítica de variantes reformistas o burocrático burguesas que se proclamaron en su momento “socialistas”. Puede consultarse al respecto El Manifiesto Comunista, Miseria de la Filosofía, o el Anti-Dühring, para citar algunas de las obras más conocidas de Marx y Engels. De la misma manera, podemos mencionar la crítica de Rosa Luxemburgo a Bernstein (nada menos que un libro); o de Lenin al menchevismo y a los socialistas revolucionarios (que cubre tomos enteros de sus obras). Y sería una tontería acusar a Engels por haber dedicado un libro a Dühring, y no a Bismarck; o criticar a Rosa Luxemburgo por no haber escrito un libro contra Guillermo II, pero sí contra Bernstein.

Yendo ahora al caso de Venezuela, estamos discutiendo sobre un gobierno y movimiento político que han estafado ideológica y políticamente a los explotados con el cuento de “construir el socialismo”. Pero además, una parte significativa de la izquierda (nacionalista de izquierda, PC, castrista, incluso sectores trotskistas) apoyó al chavismo, llegando a afirmar que este ponía nuevamente en la agenda de la clase obrera mundial el programa del socialismo. Este tipo de discursos, que terminaron alimentando la desmoralización y la confusión, han sido funcionales al fraude ideológico que se ha perpetrado. Y no veo la manera de explicar estas cuestiones de manera sintética.

En cualquier caso, la clarificación acerca de la verdadera naturaleza del chavismo se hace imperiosa. Aunque es comprensible que muchos de los que lo apoyaron y aplaudieron, ahora prefieran que hablemos de cualquier otro gobierno. Pero no se puede renunciar a la crítica del socialismo-burgués o burocrático sin renunciar a la esencia misma del marxismo, y sin convertirse, de hecho, en cómplice del oportunismo.

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