Editorial #5 La Pipa Rota: Venezuela, abril de 2017. Coyuntura y perspectivas para el futuro

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Venezuela afronta un escenario complejo. La acumulación de capital, es decir, la acumulación de trabajo acumulado como medio para generar nuevo valor está trancada. En el marco del ciclo recesivo de la acumulación, las condiciones de vida de quienes solo tienen para vender su fuerza de trabajo caen abruptamente, lo cual se ve materializado de forma cuantitativa en el derrumbe progresivo del salario real. Naturalmente, en un ambiente de tal miseria, es imposible pensar en alcanzar de forma directa una sociedad de productores libremente asociados.

A riesgo de acusaciones de “determinismo” o “economicismo” es necesario aclarar que la clave para el análisis de la situación actual de Venezuela está en el análisis de la dinámica de acumulación capitalista. Como todos sabemos, en el marco de la división internacional del trabajo, Venezuela asume el rol de productor de petróleo, una riqueza no producida de la que goza el país por contar con unas condiciones naturales particulares. En este sentido, la lucha por la apropiación de la renta petrolera es lo que define el proceso nacional de acumulación de capital.

En este orden de ideas, la principal actividad productiva de Venezuela, un país de 30 millones de habitantes, presenta una composición orgánica que denota una baja incorporación de fuerza de trabajo en relación al capital en su conjunto. El resto de las actividades económicas están caracterizadas por su baja eficiencia productiva que es financiable a costa de la renta petrolera. Como ejemplo, demostrado por el investigador Asdrúbal Baptista, en el año 1975 el sector manufacturero de la economía venezolana se apropió de una fracción de aproximadamente 44,68% del ingreso petrolero. De manera que, la mayoría de la población venezolana está involucrada en actividades que no generan valor, así, es población que le sobra al capital en su conjunto.

La estabilidad o “gobernabilidad” de Venezuela, como estado-nación representante del capital local en su conjunto, tiene que ver con la posibilidad o no de contener a esa población obrera sobrante. ¿Cómo se ha contenido? A través de la posibilidad de reproducir su vida material en el capitalismo, a pesar de que no generen valor. ¿Cómo es posible esto? A través de la inyección al salario real de un componente de salarios indirectos que se materializa a través del gasto social. ¿Cómo se financia esto? Únicamente en la parte expansiva del ciclo económico, cuando la renta lo hace posible. ¿Qué pasa cuando el ciclo se contrae? Aquí utilizaremos palabras de los investigadores argentinos Tamara Seiffer, Juan Kornblihtt y Romina De Luca: “En cuanto las fuentes extraordinarias de financiación se contraigan, se pondrá nuevamente a la luz la miseria general que provoca el capitalismo”. Personas que sobreviven alimentándose de la basura, muertes por ausencia de medicamentos, confirman en Venezuela lo que los jóvenes profesores de la Universidad de Buenos Aires, habían alertado en 2011.

El chavismo y su oposición agrupada en la MUD, son en Venezuela los portadores de los intereses del ineficiente capital venezolano para ciclos de expansión y contracción, respectivamente. Por un lado, el chavismo dilapidó la enorme bonanza petrolera a través del financiamiento a pequeños capitales ineficientes que representaban un verdadero hazme reir para el capitalismo mundial. Se debe tomar en cuenta, además, su saqueo lumpenizado de la renta a través de las importaciones, una verdadera acumulación delincuencial destinada a dilapidarse en el tiempo por no estar destinada a la reproducción ampliada de capital. En este contexto, la población venezolana, sobrante para el capital en su mayoría, vivió con el chavismo una época de notable tranquilidad. No porque se tratara de un gobierno “progresista” o “revolucionario”, como señalan algunos, sino porque el proceso de acumulación en su fase expansiva les imponía la necesidad imperiosa de contener las masas; Por otra parte, la MUD, quien representa a capitales más concentrados, pero similarmente ineficientes en el contexto internacional, es el factor llamado a actuar en la fase de contracción del ciclo. Como bien señala nuestro apreciado profesor Rolando Astarita: “El programa económico y social de la oposición aglutinada en el MUD es el tradicional de la ‘burguesía seria’: reforma de la Ley de Trabajo, privatización o re-privatización de empresas del Estado, reformulación de las “reglas de juego” para la inversión privada (esto es, garantizar una elevada tasa de explotación del trabajo) y, por supuesto, el levantamiento de los controles de precios y la reunificación cambiaria”. En síntesis, la MUD pretende aumentar la tasa de explotación a niveles infrahumanos como medida contra la tendencia decreciente de la tasa de ganancia del capital local. Lo anterior implica la continuación del hambre y la muerte para la población obrera venezolana.

En este orden de ideas, el conflicto que en abril de 2017 se materializa entre ambas fracciones políticas del ineficiente capital venezolano, con la población obrera en el medio, tiene su fundamento en la explicación que antecede este párrafo. El chavismo está agotado para la fase recesiva actual del proceso de acumulación venezolano, ya que pretende actuar políticamente de forma similar al mejor momento del ciclo de expansión, es decir, pretende mantener sus niveles ganancia promoviendo un discurso “nacional-popular” que no tiene asidero en la realidad, porque ha tenido que reducir importaciones para honrar compromisos con sus aliados del capital financiero mundial, ganándose el repudio de aproximadamente 85% de la población venezolana. En síntesis, se niega a morir y, mientras tanto, será un obstáculo para el proceso de acumulación de capital y el desarrollo de las fuerzas productivas en Venezuela. ¿Entonces, hay que apoyar a la MUD? No, la MUD es la fracción del capital llamada a actuar en la contracción del ciclo, pero se debe recordar que se trata de capitales ineficientes sin ningún tipo de oportunidad de competir internacionalmente, por lo que siempre les será más rentable luchar por la apropiación de una parte de la renta. ¿Puede la MUD destrancar el proceso de acumulación de capital en Venezuela? Aunque lo intentará, no podrá. ¿Por qué? Porque no tiene la fuerza para aplicar el ajuste que permita el aumento exponencial de la tasa de explotación. ¿Cómo se representa dicha fuerza? En la posibilidad de contener la población obrera sobrante (mayoritaria en el país), lo cual no puede hacer porque no tiene renta. Y en este punto, hay que tomar en cuenta un aspecto teorico señalado por el maestro Juan Iñigo Carrera: “el factor histórico-moral del valor de la fuerza de trabajo”. En este contexto, es imposible pretender que el conjunto de la población obrera venezolana se sumerja en un océano de explotación similar al de la población asiática, cuando históricamente han afrontado experiencias distintas. Lo anterior toma mayor vigencia si se recuerda que los venezolanos vienen de obtener los beneficios relativos de la mayor bonanza petrolera de la historia del país. En este sentido, parte de esos anhelos se ven expresados en quienes se manifiestan más activamente contra el gobierno chavista. Se cree erróneamente que un gobierno de la MUD vendrá a restituir la calidad de vida de la que se disfrutó durante la expansión. Esta ilusión durará muy poco.

Como vemos, el chavismo y la MUD son títeres del ineficiente capital radicado en Venezuela. Sin duda, fracasaran en sus intentos de destrancar el proceso nacional de acumulación venezolano. Aun así, la situación es verdaderamente peligrosa. Una guerra es el mecanismo más eficiente para someter y aniquilar población obrera, con miras a imponer una elevada tasa de explotación. Lo anterior debe evitarse, como sea.

¿Qué hacer? La población obrera, es decir, aquellos que solo tienen para vender su fuerza de trabajo, tiene en frente un difícil escenario en el que está en juego su supervivencia. Hay terribles amenazas que van desde su muerte por imposibilidad de acceso a bienes necesarios para sobrevivir hasta la posibilidad de una guerra que solo beneficiaría al capital ineficiente. Es necesario que una vanguardia obrera marque el camino. En ese sentido, la acumulación de capital en Venezuela solo es posible si está comandada por factores obreros con subjetividad productiva expandida que se disputen un puesto en el marco de la división internacional del trabajo. Esa tarea no será fácil, como bien señala nuestro amigo Manuel Sutheland: “Muchos factores presentaran resistencia”. Sin embargo, la realidad nos impone la imposibilidad de aplazar esta tarea. No hay otra alternativa para la clase obrera venezolana que luchar, ahora, en este sentido. La otra alternativa es la muerte.

En este orden de ideas, evitando a como dé lugar la guerra, la población obrera deberá luchar por desplazar al desfasado representante de los pequeños capitales venezolanos, esto es, al chavismo. Es una tarea complicada, en cuanto los encabezados por Nicolás Maduro han asumido los métodos de una dictadura militar. Sin embargo, es imperioso quitar este obstáculo para la acumulación. De esta manera, la población obrera deberá presionar de diferentes maneras la salida del régimen chavista, sin dejarse distraer por las estúpidas ilusiones de la polarización.

Una vez derrotado el chavismo, la tarea no está culminada. La realidad impone que será el turno de la MUD para intentar impulsar la acumulación capitalista en el país. Ya explicamos científicamente que esto es materialmente imposible. En este lapso, deberán unificarse en una organización los obreros de mayores capacidades científico-técnicas del país para elaborar un plan que apunte a la concentración de capital en ramas en las cuales el país presente ventajas comparativas internacionalmente. La estructuración de esta plataforma es, en sí misma, una tarea científica. Apenas la MUD comience a aplicar su política de ajuste, los cuadros de mayor preparación política deberán procurar la agudización de las contradicciones que desemboquen en una crisis generalizada del sistema, como la afrontada en el 2001 por los argentinos. Ese será el momento decisivo. Será el momento de aumentar los esfuerzos en difundir el plan de desarrollo de las fuerzas productivas nacionales dirigido por los obreros con la subjetividad productiva expandida para efectivamente aplicarlo. En este contexto, esta alternativa política deberá luchar por acceder al poder.

¿Se trataría de un gobierno socialista? No, se trataría de un gobierno dirigido y articulado por una vanguardia obrera, que entiende la necesidad de concentrar y centralizar capital en sus manos. El socialismo corresponde a una sociedad de productores libremente asociados como resultado ulterior del tope alcanzado por el capitalismo en el desarrollo de las fuerzas productivas a escala mundial. En síntesis, no se trata de negar al socialismo, sino entender la imposibilidad real de apuntar directamente, como por arte de magia, a su realización. Es absurdo pretender el socialismo en una sociedad donde abunde la miseria. Como magistralmente señala el Prof. Astarita: “El proyecto socialista descansa sobre la socialización de la riqueza, esto es, de los medios de producción desarrollados por el capitalismo”.

Aclarada cualquier confusión, sigue acabar con las ilusiones. Ese gobierno obrero deberá ser muy estricto en el manejo de los recursos que apunten a reanudar la acumulación de capital en Venezuela. Deberá implementarse una contraloría científica que utilice como herramientas los métodos más avanzados de la actualidad. El nivel jerárquico estará basado en un sistema que mida la eficiencia y la productividad de cada individuo en sus determinadas tareas. En síntesis, no será un lecho de rosas, pero será una contribución que apunte real y materialmente al logro de una sociedad distinta.

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