Venezuela: Golpe, autogolpe y contragolpe. Por: Jorge Altamira

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Cuando todavía el kirchnerismo batía el parche de la amenaza de un “golpe de derecha” en Venezuela, advertí desde está página que el único golpe que se encontraba en la agenda era el que ejecutarían las Fuerzas Armadas del chavismo. La decisión de Maduro de transferir las atribuciones legislativas de la Asamblea Nacional a la Sala Constitucional del Poder Judicial va en esa dirección. El próximo en la lista es el propio Maduro. El chavismo no puede sobrevivir a la pérdida de su condición plebiscitaria fundacional: sin “poder electoral” ha perdido su razón existencial. La “unidad del pueblo y su fuerza armada” sin respaldo popular plebiscitario, es la fórmula del desastre.

El impasse que ha imperado desde la victoria abrumadora de la oposición de derecha en las elecciones legislativas de 2015, se debió a la mediación vaticana. El pretexto del llamado ‘diálogo’ era pactar un calendario para las elecciones de intendentes y gobernadores, dejando de lado la posibilidad del referendo revocatorio contra Maduro, que la oposición abandonó. La intervención papal fracasó, como ha ocurrido con todas sus otras ‘mediaciones’ (caso palestino): las elecciones fueron postergadas sin fecha, y encima Maduro firmó un decreto que obliga a una reinscripción de los partidos políticos, o sea que los dejaba en el limbo. La MUD opositora se avino al trámite, pero el partido comunista, por ejemplo, se quedó sin personería.

El estado venezolano se encuentra quebrado. Aunque paga en forma puntillosa la deuda en bonos – y logró, en una oportunidad, la refinanciación de sus vencimientos con los bancos acreedores -, la deuda del Estado con proveedores del Estado y de Pdvsa con sus contratistas, se paga con una demora cercana al ‘defol’. La deuda con China, de u$s 40 mil millones, garantizada mediante la entrega de petróleo, se ha vuelto a reprogramar; un crédito de la petrolera rusa Rosfnet, se logró a cambio de la hipoteca de Citgo, la distribuidora venezolana de combustible en Estados Unidos. Hay una corriente que plantea la conveniencia de venderla, porque se han comprimido mucho los márgenes de beneficio.

El autogolpe fue precipitado por la intención del gobierno de privatizar las operaciones de Pdvsa sin pasar por el control parlamentario, o sea por decreto. La creación de “empresas mixtas” en petróleo es una medida desesperada frente a la crisis financiera, que destruye el acta fundacional del chavismo – la nacionalización petrolera. Sin aval plebiscitario y sin nacionalismo petrolero, el chavismo se ha convertido en un cadáver insepulto. Con el crecimiento del shale oil en Estados Unidos y la caída del precio internacional, la Venezuela chavista se ha quedado sin red de seguridad. El ‘ajuste’ que implementará el gobierno que lo suceda tendrá características catastróficas.

La aplicación de la “cláusula democrática” contra Venezuela, que reclama el gorilismo continental y la mayoría del peronismo que apoya la ‘gobernabilidad’ de Macri, significa declarar a Venezuela oficialmente en ‘defol’, porque quita respaldo legal internacional a cualquier préstamo o financiamiento que solicite el gobierno de Maduro, e incluso a sus operaciones comerciales. El auto-golpe de Maduro desata el colapso del gobierno y ofrece la justificación a los militares para su derrocamiento. El ‘vivo’ se pasó de rosca. Es precisamente por el peligro de derrumbe político que Trump no salió con los tapones de punta a exigir la aplicación de la cláusula. El magnate del histrionismo cultiva, además, un romance con Putin, que apoya a Maduro.

Venezuela se encuentra como la selección argentina – con una crisis de técnicos y jugadores y la posibilidad de no ir al Mundial, que además tendrá lugar en Rusia. Nadie puede reivindicar títulos democráticos: ni los golpistas de abril de 2002 y conspiradores seriales, ni la camarilla de Maduro, que se hunde en la crisis y, lo que es aún peor, en el ridículo. El chavismo ha perdido al ala izquierda del Psuv, el partido oficial, y a toda la izquierda chavista, como el caso de la ‘bodartista’ Marea Socialista.

La salida a la crisis mediante una intervención de la clase obrera se encuentra lejana, como consecuencia, por un lado, de casi dos décadas de regimentación estatal y, por el otro, de adaptación política vertebral de la izquierda al chavismo. Pero la salida misma de la crisis está distante- hay para rato. Todo indica la necesidad de que convoque a un Congreso de Trabajadores – independiente de los contrincantes capitalistas. La clase obrera independiente – minoritaria – necesita un programa para movilizarse como clase.

Ese programa debe reivindicar la convocatoria de una Asamblea Constituyente y un plan de emergencia que declare la suspensión de todo pago de deuda hasta que sea auditada por un comité electo de trabajadores; la nacionalización de bancos y los principales monopolios para asegurar el abastecimiento industrial y de la población; control obrero del comercio exterior y del mercado de cambios y la formación de un frente único de partidos de izquierda y sindicatos independientes.
Por la Unidad Socialista de América Latina.

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