Editorial #4 La Pipa Rota: ¡La Pipa Rota se reactiva!

Por: Comité Editorial La Pipa Rota

La Pipa Rota nació en julio de 2015 como un espacio político-organizativo para el estudio, el debate y la difusión de la realidad política venezolana. Desde entonces, denunciamos abiertamente el carácter reaccionario del gobierno de Nicolás Maduro y su pretensión de aplicar el ajuste económico más despiadado de la historia de Venezuela.

No nos equivocamos. En 2017, al transitar las calles de cada ciudad del país, es natural encontrar personas registrando detenidamente la basura en la búsqueda de algo para comer. Asimismo, diariamente mueren centenares de personas por la escasez de medicamentos. Una verdadera tragedia. La más mínima enfermedad representa una amenaza de muerte para la mayoría de los venezolanos. Esto ha ocasionado la mayor diáspora poblacional de la historia, en la que diariamente emigran miles. Se trata de población obrera que sobra al capital y que busca nuevas fronteras nacionales para intentar sobrevivir.

Mientras tanto, el gobierno de Nicolás Maduro continúa con su teatro. Al tiempo que denuncia una “guerra económica” internacional contra Venezuela, cumple oportunamente con cada pago de la deuda externa al capital financiero internacional. Es un gobierno que no se despeina a la hora de mentir y, para evitar que lo desmientan, no duda en aplicar una feroz represión que va desde la censura mediática hasta desapariciones selectivas. El régimen del llamado “presidente obrero” dejó hace rato de cumplir con las formas de la democracia burguesa para convertirse en un régimen de facto cuyo objetivo estratégico es mantenerse en el poder como sea. De esta manera, las elecciones no son prioridad mientras exista la “guerra económica”. Quien señale abiertamente lo contrario puede ser juzgado de “traidor a la Patria”, en procedimientos sacados del sombrero de un mago y que cuentan con el aval militar.

En este contexto, quienes se dedican a denunciar la situación actual lo hacen desde perspectivas sombrías. Por una parte, los factores políticos de burguesía tradicional hacen todo lo posible por coexistir con el gobierno, hasta tanto consideren conveniente disputarse el poder. Por otro lado, surgen agrupaciones que se autodenominan “chavismo crítico” y que utilizan como chivo expiatorio a Nicolás Maduro, librando a Hugo Chávez, el “comandante supremo”, de cualquier responsabilidad de la catástrofe, argumento, además de oportunista, absurdo.

Lo más triste es la situación de la izquierda, la mayoría de la cual ha decidido plegarse, de una forma u otra, al chavismo crítico. Se trataría de una posición táctica que buscaría un acompañamiento a los sectores que vienen rompiendo con el chavismo. Lo cierto es que se deja de lado que el chavismo sufre un declive irreversible y que cada vez cuenta con mayor repulsión de las masas. Es un cadáver político que debe terminar de ser enterrado, aunque algunos oportunistamente intenten resucitarlo.

Ante tal situación La Pipa Rota se ve en la necesidad de hacer un esfuerzo sobrehumano por reactivarse. La mayoría de los miembros de su Equipo Editorial se encuentran, al igual que la mayoría de los venezolanos, en la lucha por sobrevivir. Algunos de ellos no han tenido otra opción que emigrar, en una especie de exilio forzado. Sin embargo, la tarea de difundir nacional e internacionalmente la verdadera realidad de Venezuela es fundamental. Como bien señala Jorge Altamira*: “No es cierto que la izquierda consecuente crece cuando el río está revuelto, en un ambiente de confusión, sino cuando los pueblos logran concretar una experiencia histórica y sacar una conclusión”. Clarificar la historia reciente de Venezuela es la tarea prioritaria en la que concentraremos nuestros próximos esfuerzos. A partir de allí construiremos la alternativa que Venezuela necesita.

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*Jorge Altamira es el máximo dirigente histórico del Partido Obrero de Argentina.  La Pipa Rota respeta su histórica trayectoria en la izquierda argentina, pero no comparte la totalidad de sus posiciones ni las de su organización. Ejemplo de ello es que consideramos errónea su calificación de “golpe de Estado” respecto a la destitución de Dilma Rousseff  en Brasil

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