El diálogo: Como conclusión de un intento iniciado hace 17 años. Por: José Capitan (Opción Obrera)

El revocatorio con intromisión de la OEA, el PSOE español y el Papa Francisco,  sería un golpe de estado palaciego. Lo revocadores son golpistas, “guarimberos” y no lo hacen por la democracia como tampoco Maduro responde democráticamente, ya que actúa  desesperadamente con medidas arbitrarias y que, cada vez más, empeoran la economía del país.

El problema real es la situación catastrófica del país, el hambre, las carencias de todo tipo alimentos,  a eso hay que darle respuestas. Hay dos tipos de respuestas, la primera tiene dos variantes la del gobierno y la de la MUD, para ambos la crisis la pagan los trabajadores y la segunda es por parte de los trabajadores.

Entre revocatorio y OEA te veas

John Kerry, el Secretario de Estado de EEUU, reculó tras el intento de Almagro, la OEA y una intervención en Venezuela  contra al gobierno de Maduro, Kerry se dio cuenta que se desataría un crisis política, de tal magnitud que desbordaría los “canales institucionales”, por ahora es mejor para ellos, seguir conteniendo las masas depauperadas, no se puede cambiar de jinete sobre un caballo pasando un rio caudaloso, en otras palabras en medio del hambre y las necesidades de los venezolanos, seria inminente una explosión social. “La masa no está para bollos”, los militares tampoco muestran homogeneidad, como por ejemplo, las declaraciones de  Alcalá Cordones, general retirado  expresando su desacuerdo con el gobierno de Maduro, hasta las tropas que serian las convocadas para reprimir también están padeciendo la hambruna de sus familias, las carencias de bienes, medicinas, transporte, no extrañaría su descontento con el mando.

El problema mayor para el gobierno norteamericano, vendría  con  una intervención de la OEA que hubiese agudizado la crisis y desbordado la situación, Ramos Allup pasa a ser un estorbo en ese sentido, personaje que  con sus diatribas le hace comparsa a las  de Maduro, ambos están despistados,  fatalmente  estos son los máximos representantes del gobierno venezolano.

Eso representa “El Diálogo”, un acuerdo entre ellos para salvar el país y mantener la explotación de los trabajadores. Es un triunfo para los gringos que hasta el PCV aprueba, como parte integrante del chavismo.

Sin embargo la ineptitud  de la derecha  y  el fracaso económico del gobierno conduce a una explosión social, que pudiera desembocar en una verdadera crisis revolucionaria. Los saqueos a camiones y  establecimientos comerciales van  proliferando, ya hubo un ensayo con el Cumanazo, el gobierno respondió con  represión con saldo de un muerto y más de 400 detenidos, aun así no puede contener la desesperación en conseguir alimentos. El temor para los cautelosos gringos y todos sus títeres es que el país avance hacia una rebelión popular que pueda arrasar cualquier vestigio de legalidad política y jurídica burguesa.

Los chupamedias del gobierno hacen eco de que las protestas no son espontaneas sino fomentadas por la derecha opositora, la cual si bien saca provecho ante una izquierda inerme ante la catástrofe social no lo hace  como eje político porque ellos tampoco tienen respuestas ante las penurias de las masas.

El último recurso del gobierno son los llamados Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) para entregar bolsas de comidas, serían otro paño tibio que  a no dudar terminará tras su fracaso,  en un mayor rechazo al gobierno, ya se negocian esos productos a precios especulativos por parte de quienes distribuyen esos enseres.

La gran estafa en nombre del socialismo

El chavismo siempre ha defendido al capitalismo, un capitalismo con rostro humano como dijo el comandante Chávez en sus comienzos políticos, que no fue más que un deseo, porque es imposible, el capitalismo en esta época y en el mundo no solo es superfluo sino es dañino, es criminal y peor aún, si lo disfrazan de socialismo con el mote que sea, del siglo XXI o bolivariano

El dilema es entre un capitalismo con una representación política de la derecha tradicional y una alianza cívico-militar que pretendió  re-arreglar el capitalismo en Venezuela con nuevos administradores,  cuyo sostén popular fue darles unas migajas a los sectores de menores ingresos, mientras ellos se apoltronaban en sus lugares.

Nunca plantearon  realmente nada referido al socialismo, primero la lucha es por  un salario que cubra las necesidades básicas,  mejore las condiciones de trabajo y el pleno empleo. A pecios reales, el miserable salario mínimo, desde  1999 se amplió, lo que significó que el salario real promedio  y necesario para que cubriera la cesta básica se fue hundiendo.

Y segundo,  como primer paso  hacia el socialismo, es un gobierno de los trabajadores, condición sine qua non para emprenderlo. Por el contrario, desde su origen el chavismo partió de los estratos de la pequeña burguesía o clase media militar o civil, con aspiraciones a una tajada del reparto capitalista,  luego, es imposible de despojarse de lo apropiado y asignar un salario que cubra las necesidades básicas de los trabajadores.

A nivel de Latinoamérica comencemos por lo último, el celebrado “triunfo” en la OEA, veamos país por país, cuanto es el salario mínimo en dólares y cuál sería el mínimo para cubrir sus necesidades básicas, para todos rige absolutamente la producción capitalista, todos son explotadores y ni por asomo plantean nada diferente, por último si la OEA es lo que dicen que es,  deben destruirla, pero solo son discursos para la galería.

Que tiene que ver socialismo con acuerdos entre las rapaces burguesías latinoamericanas.  Allí no están representados los trabajadores, Bernando Alvarez, “nuestro” sempiterno embajador proviene del riñón de la rancia oligarquía caroreña.  Así mismo es, por ejemplo la representación del “Socialismo Ciudadano” de Ecuador o el plurinacional  de Bolivia. Las consignas enarboladas en la década de los 60, del siglo pasado “Liberación Nacional” y “Reforma Agraria” o ahora la supuesta Soberanía del país,  que deberían expresarse a través de la autonomía económica quedaron para la historia, por lo menos por ahora.

El  temor al desborde del control gubernamental, se centra en detener una tendencia de los trabajadores como alternativa, asumiendo una respuesta autónoma. La Unete, las federaciones combativas, los sindicatos pueden asumir las consignas para evitar que la crisis la sigan pagando los trabajadores y las comunidades de menores recursos que se les deterioran los servicios cada vez más, mientras que la deberían pagar los capitalistas, que son los que la crearon. Es necesario con ese objetivo, convocar a un congreso de trabajadores en lucha y elaborar la plataforma que exprese esa alternativa.

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