Brexit, una salida reaccionaria. Por: Rolando Astarita

Algunos lectores del blog me consultaron acerca del triunfo del voto a favor de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Lo central, en mi opinión, es queha triunfado la opción más reaccionaria. Por supuesto, quedarse o salir de la UE son dos alternativas del capitalismo. Hoy, con un gobierno y un Estado capitalista, no existe ninguna posibilidad de que haya un “Remain” o un “Leave” por izquierda. Sin embargo, de las dos alternativas, la permanencia era la menos reaccionaria (o el mal menor, para utilizar una expresión tradicional en el reformismo). Era la menos reaccionaria porque tomaba distancia del nacionalismo extremo.

No hay manera de disimular el contenido reaccionario del resultado del referéndum británico. La campaña por Leave tuvo como eje el “primero Gran Bretaña”. Claramente, el triunfo de esta opción va a alentar la xenofobia, el nacionalismo y el rechazo a los inmigrantes. No es casual que la intención de voto a favor de la salida haya crecido en los últimos meses a medida que crecía la cuestión de la inmigración. Por eso, una de las promesas centrales del movimiento Leave es terminar con el libre movimiento de ciudadanos europeos, que permite la UE. El líder del derechista Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), Nigel Farage, incluso ha dicho que no se debería permitir la permanencia de aquellos inmigrantes que viven en el país. Y los líderes del Leave (conservadores en su mayoría) sostienen que al dejar la UE Gran Bretaña retomará el control en áreas como la ley de empleo y seguridad e higiene laboral, algo que los capitales consideran favorable para sus negocios.

Tengamos presente también que el triunfo del Leave se inscribe en el ascenso de una peligrosa ola nacionalista y de derecha: en Austria, el Partido de la Libertad (FPÖ); en Alemania, Alternativa para Alemania (AfD); en Francia, el Frente Nacional; en Dinamarca, el Partido Popular; en Finlandia, los Verdaderos Fineses; en Suecia, los Demócratas de Suecia; en Holanda, el Partido por la Libertad (PVV); en Noruega, el Partido del Progreso; en Grecia, Amanecer Dorado. Todas estas fuerzas han registrado avances o se han consolidado de forma significativa en los últimos años. Agreguemos que en Polonia está en el gobierno Ley y Justicia, promoviendo medidas retrógradas y xenófobas. En Hungría la derecha nacionalista y xenófoba también está en el gobierno con la Unión Cívica, flanqueada por otra fuerza todavía más a la derecha. En Ucrania forma parte del gobierno el neonazi Partido de la Libertad. En Letonia, la Alianza Nacional. El ascenso de Donald Trump en EEUU también puede considerarse parte de este fenómeno. Y en Gran Bretaña el ya mencionado UKIP. Todas estas fuerzas promueven políticas nacionalistas y xenófobas como respuesta al estancamiento económico, a la desocupación, a las crecientes desigualdades sociales y a la falta de perspectivas de las masas trabajadoras. Una nueva demostración de que las crisis no generan mecánicamente conciencia anticapitalista o socialista. Es significativo que en localidades obreras, con tradición socialista, laborista o comunista, crezca el voto a partidos de la ultraderecha nacionalista.

En definitiva, es imposible encontrar algún elemento positivo en la salida de Gran Bretaña de la UE. Ni siquiera se puede sostener que haya algún rasgo de nacionalismo progresista, como se suele alegar con respecto a los nacionalismos en los países del tercer mundo. En Gran Bretaña estamos ante un nacionalismo de gran potencia. Oponerse a la internacionalización del capital desde el punto de vista de los intereses de la “gran nación” no tiene nada de progresivo.

La segunda cuestión a señalar es que esta retirada de la UE no va a revertir la tendencia a la internacionalización de la economía británica. El capitalismo no puede sobrevivir en los límites de las fronteras nacionales. El comercio anual de Gran Bretaña con la UE alcanza los 575.000 millones de dólares anuales. El 45% de las exportaciones británicas van al área europea. Esta es una presión objetiva para negociar alguna forma de relación similar a la que tiene Noruega o Suiza con la UE; o incluso algún acuerdo como el que negoció Europa con Canadá. Los políticos partidarios del Leave prometen, además, establecer nuevos acuerdos de libre comercio, entre ellos con China.

Sin embargo, las consecuencias de la salida de Gran Bretaña pueden ser graves. Las negociaciones por la forma en que conectará el capital británico con la UE, o el resto del mundo, estarán plagadas de tensiones. Y la economía de Gran Bretaña es la segunda mayor de Europa. Los mercados están reaccionando con fuertes caídas; las acciones europeas y las del Deutsche Bank se hundieron; capitales líquidos buscan refugio en los bonos del Tesoro de EEUU, o en el oro, como acostumbra ocurrir en las crisis agudas; y la libra tocó el nivel más bajo en 30 años. Además, en Escocia ganó la permanencia en la UE y en consecuencia las demandas por la independencia de Gran Bretaña pueden incrementarse. Dada la debilidad de la economía mundial, esta situación afectará a las inversiones globales y con ello contribuirá a la caída de la demanda. No se puede descartar incluso que este evento sea el disparador de una nueva recesión mundial.

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