La debilidad del poder en los despidos de la Universidad Bolivariana. Por: Modesto Emilio Guerrero

Modesto Emilio Guerrero

El despido arbitrario e injustificado de los dos profesores de la Universidad Bolivariana, Manuel Sutherland y Omar Vázquez Heredia, ocurrido el 20 de diciembre del 2015, es un síntoma de debilidad gubernamental.

Es fácil imaginar a las autoridades que ejecutaron la orden, y quien la dio más arriba de ellos en la dirección del PSUV, regodeándose bajo el supuesto de haber ejercido el poder de Estado sobre dos docentes universitarios, conocidos por sus ideas y compromiso revolucionario. Pues se equivocan, ocurre lo contrario, aunque no tengan, como suele ocurrir, la menor idea de ello.

Basta pensar que lo echan por ejercer su sagrado derecho a tener opiniones políticas y conceptos opuestos a las de sus victimarios. Sobre todo de Manuel, de quien conocemos lo que piensa porque escribe y publica con frecuencia.

Ambos cometieron un “pecado” inaceptable para la actual burocracia en el poder de la UB, y para quienes vigilan lo que hacen y piensan los profesores que tienen pensamiento propio sobre temas de la realidad nacional.

La debilidad se revela en que actúan desde el poder de Estado contra dos trabajadores intelectuales desarmados, sin aparato político, movimiento social, o militar, que los respalde. Como no hay acto criminal que imputarles, se acude al argumento necesdario en estos casos: cualquier argumento, con tal de salir de ellos.

Pero esa debilidad del poder también se muestra en el temor a sus ideas por ser no oficiales al frente de alumnos y alumnas, que en la opinión de estas autoridades, deben ser protegidos y resguardados de apóstatas de la versión oficial en algunos temas de la economía y la política nacional.

Estamos ante un caso de fragilidad moral de autoridades universitarias que deben acudir a la represión laboral porque ya no tienen armas intelectuales, ni políticas, para defender la esfera pública de sus posiciones de poder en la UBV.

¿Saben estas autoridades y sus mandantes en el PSUV que son simples repetidores sin voluntad propia, de un tipo de conducta política aparecida en el siglo XX, conocida como “burocracia socialista”, que en esencia, actúa con la misma lógica de los gerentes del sistema capitalista, las directoras de Escuela y los policías del barrio? No es importante que lo sepan. El caso sirve para revelar el grado de la decadencia institucional del proceso político más prometedor del continente y lo avanzado en que anda la tendencia a la revesión de lo que se llamó con falsedad teórica, “el ciclo progresista”.

Si la jefatura policial de la UBV puede ensañarse contra dos reconocidos profesores, es porque no tiene respuesta a los problemas planteados en el debate con ellos. Esa es la debilidad del poder ejercido desde el aparato estatal.

Sería un abuso afirmar que el camarada Maduro decidió un atropello como éste. Lo que si es cierto, es que este acto de persecusión ideológica y daño laboral, se está convirtiendo en la norma cotidiana en el Estado y el Gobierno que conduce el compañero Nicolás Maduro. Se cuentan por decenas, quizá centenares, los despidos por motivos políticos similares. Basta recordar el más reciente en la empresa social Fama de América, o la lucha de los obreros de Sidor en Guayana, contra los abusivos tratos de los gerentes militares, o la vigilancia contra dirigentes revolucionarios críticos.

Es control punitivo hacia la izquierda del proceso político no es un acto delirante de algunas autoridades de la Universidad Bolivariana, sino la expresión en la vída universitaria del cambio de timón dado por el gobierno en la búsqueda de un acuerdo con una parte de los empresarios y los partidos de oposición.

El problema es mayor si lo dimensionamos a escala continental. El riesgo es que el gobierno bolivariano se convierta en indefendible, como ocurrió con el de Kadaffi, por ejemplo, que comenzaron emancipando aspectos de la realidad nacional y terminaron anulando la democracia política reprimiendo a derecha e izquierda. Y lo más grave: regalándole a la derecha internacional el argumento falso sobre las “tiranías populistas”.

El caso de Sutherland y Vázquez Heredia es mucho más que una persecusión ideológica contra dos profesores que piensan distinto. Es otro de los síntomas de la enfermedad que está devorando aceleradamente el organismo de la llamada revolución bolivariana.

Yo me enteré a mediados de marzo, pero quienes saben desde diciembre y no se pronunciaron contra, se convierten en cómplices silenciosos, no de este hecho: de un sisterma político que se cierra sobre sí mismo, como lo hicieron todos los regímenes de izquierda sepultados bajo sus propias lápidas burocráticas.

Entre estos cómplices silenciosos, destacan los “amigos” de la revolución bolivariana, profesores, intelectuales y periodistas que se beneficiaron con emolumentos estatales y guardan silencio. Hace pocos dias varias de ellos firmaron una declaración contra Macri por la censura a Telesur. Esta correcta conducta no tiene correspondencia cuando la censura la hace un gobierno progresista o de izquierda, pagando con su silencio los favores recibidos.

Yo no opino lo mismo que el profesor Sutherland en varios temas centrales, pero sí en uno vital: la democracia política no se trueca por un boleto de viaje con hotel pagado en Caracas.

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