El cuento de la guerra económica. Por: Ricardo Vargas

El pronunciado y acelerado empobrecimiento que estamos padeciendo los venezolanos de a pie no solo es la consecuencia directa de la política económica del gobierno de Nicolás Maduro; sino que además es la prueba mas irrefutable de que no tenemos un gobierno socialista.

Afirmamos, además, por las mismas razones, sin miedo a incurrir en exageración alguna, que tampoco este gobierno es chavista. En realidad este es un gobierno socialdemócrata, es decir, es un gobierno adeco.

Y como todo gobierno socialdemócrata, que recurre a la manipulación para paliar el conflicto social que mueve a toda sociedad escindida en clases sociales con intereses antagónicos, éste, de la misma manera utiliza la ideología chavista para ocultar, a través de la maniobra, los verdaderos intereses a los que sirve.

Para hacer creer que es un gobierno anticapitalista enfila sus ataques contra el neoliberalismo, identificándolo con el capitalismo, como si éste sistema, detrás de sus distintas caretas, no fuera uno solo, siempre fundado en una explotación y opresión sobre los trabajadores que los pauperiza y en la destrucción de la naturaleza a través de la sobreexplotación de los recursos naturales.

En la practica, la política económica del gobierno de N. Maduro lo que esta haciendo es apuntalando y profundizando el capitalismo dependiente, basado precisamente en el extractivismo minero, explotador de los recursos naturales, que desde principios del siglo pasado y dentro del contexto de la división internacional del trabajo, nos impusieron las corporaciones transnacionales.

Detrás del discurso socialistoide del presidente Maduro, lo que de verdad se esconde no es más que una praxis de entrega de nuestros recursos naturales al gran capital. Esta realidad queda al descubierto en los pasos ya dados, por cierto, bastante adelantados, hacia la asociación con unas 150 empresas transnacionales de 35 paises que recibiran concesiones para explotar un territorio de unos 111 mil Km2 en el denominado “Arco Minero del Orinoco”.

Lo que motiva esta catastrófica entrega, que sin duda alguna provocará terribles daños ecológicos y embargará el futuro de los venezolanos, son las dos lochas que le han ofrecido a este presidente para paliar una crisis económica que por su manifiesta incapacidad se ha agravado.

El discurso que utiliza N. Maduro para justificar esta entrega contra los intereses de la patria es por demás engatusador, más propio de un sindicalero que de un sindicalista. Engaña cuando afirma que el sacrificio es para construir una economía diversificada, esto es, productiva. Porque esta tarea por ser verdaderamente titánica requiere entre muchas condiciones, que aún no tenemos, dos fundamentales: tiempo y que no seamos una economía capitalista extractivista dependiente, porque esta es la realidad que de verdad nos ha impedido desarrollar una economía auténticamente productiva y soberana.

Lo que esconde el cuento de la guerra económica.

Nuestra economía desde la segunda década del siglo XX ha tenido una creciente y radical dependencia de la renta producida por extracción intensiva del petróleo. Desde entonces, los distintos gobiernos que hemos tenido, han sido administradores de esta renta, que por la vía del dolo, enriqueció a no pocos funcionarios con sus respectivos allegados de confianza. De estos contubernios es que se gestó esa clase social que denominamos burguesía venezolana. Cabe aquí recordar no solo aquellos personajes ligados al gobierno de Juan Vicente Gómez que fundaron esta clase parasitaria amasando grandes fortunas, sino aquel maridaje entre los gobiernos adecos copeyanos con la burguesía agremiada en FEDECAMARAS.

Así, pues, en cada periodo de gobierno han habido privilegiados que pasan a conformar esta clase. El período chavista no ha sido la excepción. Existe una facción de la burguesía parasitaria que se conformó en el transcurso y bajo el cobijo de esta administración. Son los verdaderos privilegiados de este tiempo. Una prueba inconmovible de su existencia esta en sus inmensas riquezas, constatada en la grosera fuga de capitales (más de 300 mil millones de $) habida entre el 2004 y el 2015.

Esta facción de la burguesía venezolana, que ha sido configurada y fortalecida por el gobierno, recibiendo dólares preferenciales para que traigan por la vía de la importación, los bienes que requiere la población para garantizar su subsistencia, ha permeado el poder político, a tal grado, que en las políticas económicas del gobierno del presidente N. Maduro sus intereses prevalecen sobre los intereses de los trabajadores venezolanos. Esta realidad explica por qué la crisis generada por la baja de los precios del petróleo ha sido descargada sobre la espalda de los venezolanos de a pie, lo cual se evidencia en su indetenible ruina.

La obscena fuga de capitales se produce cuando esta facción de la burguesía no importa el equivalente de lo que recibe del gobierno en dólares preferenciales. Es vulgar la desproporción entre lo que recibe y lo que realmente trae. La consecuencia palpable de esta altísima desproporción se traduce en la escasez de bienes. Esta situación ha sido agravada por la contracción de las importaciones, como expresión de la política económica de este gobierno.

Las interminables colas ciertamente no son más que el resultado de este cuadro de verdadera escasez. No se encuentran las medicinas ni los alimentos y mucho menos los artículos de higiene porque efectivamente escasean. A esto se suma el hecho de que buena parte de lo poco que importa esta facción de la burguesía se bachaquea en el mercado “ilegal” a precios elevados, lo cual genera un proceso que encarece todos los bienes y servicios que se ofertan en el país y aniquila la capacidad de compra de la gente común y corriente.

El meollo del enriquecimiento de esta facción de la burguesía emergente esta en el control cambiario. La dualidad en el valor del dólar tienta e incita a quien recibe un dólar de diez bolívares a transformarlo en uno de más de mil bolívares. Allí esta la gallinita de los huevos de oro; solo que los pone para el usufructo exclusivo de esta burguesía emergente afortunada.

Este sistema cambiario dual, en medio de una situación donde la cantidad de dólares que entran por concepto de la renta petrolera se ha reducido en un ochenta por ciento, que debilita su oferta, permite entonces, a sus favorecidos poseedores, encarecerlo para incrementar sus ya súper infladas riquezas. Por supuesto que también el gobierno se aprovecha con creces de esta lamentable circunstancia. Mientras tanto, nuestro pueblo sucumbe ante el agravamiento de sus privaciones.

Si el gobierno de Nicolás Maduro de verdad gobernara en función de los intereses de nuestro pueblo no les daría ni un dólar más a esta facción de la burguesía, hoy opulenta gracias a los funcionarios corruptos. Eliminaría el actual e ineficiente control cambiario y nacionalizaría las importaciones para detener este desangramiento al que esta sometida a nuestra patria. Tan solo con tomar estas medidas se garantizaría en lo inmediato los recursos para que nuestro pueblo ya no siga sufriendo por la escasez y por la carestía que aquella produce. Pero esto es mucho pedir para un gobierno adeco como el de Nicolás Maduro que esta más comprometido con los intereses de una facción de la burguesía agremiada en FEDEINDUSTRIA que con los intereses de los trabajadores.

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