“Somos hinchas, no clientes”. Por: Diego Bruno

Que el fútbol se ha transformado en un negocio multimillonario no es ninguna novedad desde hace años. Sin embargo, en las últimas décadas el nivel de mercantilización del deporte más popular del mundo ha alcanzado niveles históricos. En la actualidad, se calcula que esta industria factura 700 mil millones de dólares anuales (El Cronista, 4/1), un 40% más que el PBI generado por Argentina en todo un año. Pero, así como las relaciones mercantiles que impone el despotismo del capital se filtran por todos los poros de la sociedad, también lo hacen con ellas las crisis y contradicciones que le son inherentes. El fútbol, por supuesto, no es la excepción.

El lucro capitalista del fútbol beneficia cada vez más a funcionarios, corporaciones y magnates que nada tienen que ver con el deporte y, en cambio, margina de sus beneficios a los verdaderos protagonistas, los jugadores y socios o hinchas. Análisis recientes señalan que los clubes se llevan apenas el 20% de lo que genera el “producto futbol” (El Economista, 22/4/15). Los clubes, por otro lado, cada vez menos se comportan como tales para pasar a ser verdaderas sociedades anónimas. Esta situación tiene su manifestación más extrema en las principales ligas europeas, en donde “los clubes” cotizan en bolsa y se venden y revenden como cualquier otra mercancía. Los contratos multimillonarios con la televisión codificada, el negocio de las apuestas (con los escándalos de corrupción incluidos), los pases millonarios que enriquecen a los intermediarios, la comercialización de localidades con empresas de turismo, por mencionar algunas, se han transformado en las principales actividades de quienes gestionan estas entidades. Como se puede apreciar, nada de esto tiene que ver con el fomento de la actividad deportiva y el disfrute de los hinchas. Todo lo contrario. Son cientos los casos de clubes que han sido llevados a la quiebra e incluso desaparecido por la gestión capitalista de los mismos.

El límite, sin embargo, son los hinchas. El sábado 2 de febrero, mientras se disputaba el encuentro entre el Livepool y Sunderland, 10.000 hinchas de “los rojos” se retiraron del estadio en el minuto 77. La acción, acordada previamente, estaba dirigida a la gerencia del club en protesta por la suba en el precio de las entradas a 77 libras (100 euros). Mientras se retiraban, podían escucharse los cánticos contra Fenway Sports Club (FSG), la firma estadounidense dueña del Liverpool: Enough is enough/you greedy bastards/enough is enough (“Ya es suficiente, bastardos codiciosos, ya es suficiente”). Los carteles en las tribunas rezaban consignas como “El fútbol sin hinchas no es nada”, “Compartan la riqueza, cerdos” y “Somos hinchas, no clientes”. La indignación de los hinchas no es nueva: los dueños anteriores, los estadounidenses Tom Hicks y George Gillet, millonarios con sede en las islas Caymán, multiplicaron por siete la deuda del club, nunca construyeron el nuevo estadio que habían prometido y luego revendieron el club al grupo FSG (La Nación, 17/2). La suba en el precio de las entradas pega, sin embargo, en lo más profundo del sentimiento y la pasión de los hinchas: la lealtad de estar en las tribunas alentando a su equipo. Un fan comentaba durante la protesta que tardó 15 años en lograr un abono y que, si “debe renunciar ante la nueva suba, sabe que no volverá a obtenerlo jamás. Porque ahí están los turistas asiáticos que ignoran la letra de los cánticos, pero tienen más dinero” (ídem).

La imposibilidad de los hinchas de concurrir a los estadios por el elevado precio de las entradas se ha transformado en un problema social y cultural creciente en los países más futboleros. Ha transformado al deporte más popular en un espectáculo de elite. Frente a esta degradación creciente del fútbol, la rebelión de los simpatizantes del Liverpool marca un camino. El impacto de la protesta hizo recular al grupo FSG obligándolo a sacar una declaración de disculpas hacia los hinchas. Por otro lado, las hinchadas de un conjunto de clubes ingleses que integran la asociación que defiende sus derechos (Football’s Supportes Associations) quedaron en reunirse para organizar nuevas acciones porque “saben que esta lucha continúa. Y la codicia también” (ídem). La perspectiva, sin embargo, seguramente sea la que indica la máxima que encabeza el portal de internet de la agrupación de hinchas del Liverpool Spirit of Shankly (spiritofshankly.com) perteneciente al legendario DT de “los rojos” Bill Shankly. Dice así: “El socialismo en el que creo es el de uno trabajando para el otro, cada uno compartiendo los beneficios. Así entiendo el fútbol. Así entiendo la vida”. Nosotros también.

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