Las parlamentarias del 6D se prefiguran bajo una mayor tensión política. Por: Milton D’León y Humberto Zavala

A un mes de las elecciones parlamentarias del 6 de Diciembre, las tensiones políticas tienden a aumentar, tratándose de “las elecciones más difíciles que ha enfrentado” el chavismo de acuerdo al propio Maduro, en un marco en que se agudiza la crisis económica.

Es que el chavismo por primera vez se enfrenta a una realidad de perder una elección a excepción de la de diciembre del 2007 cuando perdió la reforma de la Constitución, solo que esta vez en una fase de la agudización de la decadencia del chavismo y la desaparición física de Chávez, que golpearía aún más al ya fragilizado gobierno.

Esto en el marco de la doble crisis que vive el país, tanto la económica como la propia crisis política que enfrenta el chavismo y que la derecha intenta capitalizar, puesto que mientras Maduro admite “Yo creo que las elecciones del 6 de diciembre pudieran ser las más difíciles”, encuestadoras como Datanálisis y Datincorp llegan a medir en un 20% la caída de la popularidad del gobierno.

Cuando el termómetro se calienta…

Es de recordar la tensión generada luego de que Maduro ganara por muy estrecho margen las presidenciales en unas elecciones anticipadas por el fallecimiento de Hugo Chávez, la derecha se envalentó con movilizaciones alegando incluso que le habían hecho fraude. Situación que luego se reabriera para los meses de febrero y marzo con alta tensión por la política del ala dura de la derecha buscando forzar la salida de Maduro. Entonces la crisis económica que era su telón de fondo no había cavado hasta las profundidades en que ahora se encuentra, lo que hace que el momento político se prefigure con mayor tensión aún.

Es de observar cómo tanto desde el chavismo como de la oposición de derecha, declaran en sus campañas electorales declaraciones altisonantes y confrontativas, como la que vemos en Maduro al vociferar “Ganaremos las elecciones como sea”, o las que vemos en la oposición cuando sus representantes dicen “Habrá observadores internacionales, quiéranlo o no”.
Basándose en diversas encuestas que dan por cantado que la derecha ganaría las elecciones del 6D, la llamada Mesa de Unidad Democrática (MUD) viene creando el clima del “ya ganamos”, y que si el gobierno llegase a declarar que ellos han ganado, se preparan para “cantar fraude” y en este contexto mueven también todo el apoyo internacional fundamentalmente del derechismo continental. El chavismo por su parte, aunque si bien reconoce que son “elecciones difíciles”, Maduro ha afirmado que “Si se diera ese escenario, negado y transmutado, Venezuela entraría en una de las más turbias y conmovedoras etapas de su vida política y nosotros defenderíamos la revolución, no entregaríamos la revolución y la revolución pasaría a una nueva etapa”.

La cuestión de los “observadores internacionales”

En este marco, el tema que ha generado tensión es la cuestión de los observadores internacionales. El gobierno de Maduro sufrió un revés internacional cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil, que conformaría la misión de la Unasur para los comicios parlamentarios en Venezuela, decidiera que ha declinado participar por la supuesta falta de respuesta de las autoridades del país sobre “garantías necesarias para una observación objetiva e imparcial”, y que “la decisión fue tomada después de que el gobierno del presidente Nicolás Maduro vetó el nombre del jurista Nelson Jobim como Jefe de Misión”. Se comenta entre bastidores que Venezuela presionara para que quien encabezara la misión fuera el ex ministro de relaciones exteriores de Néstor Kirchner, Jorge Taiana. Hasta la fecha no se sabe a ciencia cierta quién encabezaría la misión del organismo sudamericano.
El analista brasileño Clovis Rossi, del diario Folha de Sao Paulo, escribía este jueves que, partiendo que las encuestadoras dan por ganadora a la derecha, “si, en ese escenario, el gobierno afirmara que ganó la elección, sólo podría acreditarse en el caso en que hubiese una misión observadora mínimamente creíble, aunque fuese de la Unasur, con mucho menos experiencia y experiencia de que, por ejemplo, la Organización de Estados Americanos, vetada por Venezuela”. Es claro que las afirmaciones de Clovis Rossi son para presionar por derecha a Dilma Roussef.

Thomas Shannon, que en los últimos meses ha mantenido varios encuentros con el gobierno de Maduro para rebajar la tensión en la relación, declaró el jueves 29 de octubre, en una audiencia de su confirmación, nominado por Obama como nuevo subsecretario de Estado de EE.UU. para Asuntos Políticos (el equivalente a ser el segundo después de John Kerry) que “seguirán muy de cerca el desarrollo de las elecciones legislativas convocadas para el 6 de diciembre”. Sosteniendo al mismo tiempo que: “El grado en que las elecciones se perciban como libres, y el recuento de votos como válido, va a ser una parte muy importante de cómo gestionamos el próximo paso en la relación… En ese sentido, la legislación en la que ustedes trabajaron (en el Senado) seguirá siendo una herramienta importante para nosotros, y la usaremos si es necesario”. El tono es claramente amenazante.

El termómetro de un clima que puede prefigurar violencia

En un informe publicado por el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) en el que se analiza el primer semestre del 2015, se destaca que “con base a lo monitoreado, vemos que Venezuela se encuentra inmersa en una espiral de conflictos sociopolíticos que no disminuyen, sino que crecen con el pasar del tiempo y esa es la tendencia de aquí a los próximos seis meses”. Y si partimos de los tensos años de 2013 luego de las cerradas elecciones presidenciales y parte de 2014, cuando el sector del ala dura de la derecha buscó marcar la impronta de los acontecimientos, estas parlamentarias pueden también abrir escenarios violentos, sino antes, después del resultado de las elecciones.

Esta atmósfera de sucesos potencialmente peligrosos en el marco de la profundización de la crisis económica, cuando corre el mes último frente a las parlamentarias, desarrollan lo peor de la derecha, como lo acabamos de ver en el caso del asesinato de Eleazar Hernández,estudiante de derecho de La Universidad del Zulia, identificado con el chavismo, presuntamente asesinado por “grupos de choque” de la oposición de derecha dentro del campus universitario, mientras celebraban elecciones internas. Como también potencian lo peor del aparato armado del Estado, como pudo verse en el caso, para nada aislado, de Geiverson Acosta de 19 años, quien era estudiante de la Universidad Alejandro de Humboldt, asesinado por la policía en Bellas Artes, Caracas, a finales de agosto del presente año, durante un operativo de la OLP.

Veremos entonces cómo se van desarrollando los acontecimientos en la presente coyuntura política, tanto antes de la elección misma como después. De lo que aquí acontezca, la situación del país, al momento, abre escenarios de cada vez mayor tensión. Los trabajadores y el pueblo pobre, entre estos dos grandes bloques, tanto por los ajustes que ya le hace pagar el gobierno de Maduro, como por los que propone la derecha, tienen que bregar por forjar una salida propia, sino quiere que lo peor de la crisis siga siendo descargada sobre sus espaldas.

Tomado de: www.laizquierdadiario.com/

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