El boomerang de las guerras y la decadencia imperialista. Por: CSR- El Topo Obrero

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Declaración sobre la crisis de los refugiados

La crisis de los refugiados en Europa:

La foto del niño Aylan Kurdi muerto ahogado en las playas de Turquía que recorrió el mundo, pareciera haber sensibilizado de golpe a la “opinión pública” europea sobre la tragedia que padecen los pueblos del Medio Oriente. Sin embargo, esta ignominiosa muerte estuvo precedida en abril de este año, por la catástrofe de las 700 personas que se ahogaron en el Mediterráneo tras el hundimiento de la barcaza precaria en la que intentaban llegar a la isla italiana de Lampedusa, los 71 refugiados encontrados muertos por asfixia dentro de un camión congelador en Austria,  las 200 personas ahogadas al volcar dos barcos probablemente originarios de Siria frente a las costas griegas, seguidas recientemente de otras 38 víctimas al sur del mar Egeo, o los cadáveres de 49 migrantes descubiertos dentro la bodega de un barco de pesca, muertos por la inhalación de humo, por nombrar sólo las más impactantes.

Hay que distinguir la sensibilidad honesta de los pueblos que ven de cerca la imagen de la barbarie creada por las guerras imperialistas y las de sus gobiernos. Lo que en realidad “sensibiliza” a estos no es la muerte de un niño, uno más de los centenares de miles muertos a causa de sus bombardeos, sino el hecho de que la marea de refugiados está llegando al corazón de Europa, y se ha transformado en un problema político-social para los gobiernos imperialistas y sus aliados regionales europeos. Sólo en los últimos dos meses más de 150.000 personas alcanzaron llegar a Grecia y 90.000 a Hungría. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha estimado en 432.761 los inmigrantes y refugiados que han llegado a las costas europeas desde que comenzó 2015 -más que todo el 2014-, mientras que ha calculado en 2.748 los fallecidos. A Grecia han llegado 309.356 inmigrantes y refugiados, de los que al menos 175.000 son sirios, mientras que Italia ha recibido 121.139 inmigrantes y refugiados, entre los que hay más de 6.000 sirios y más de 30.000 eritreos. Hasta España han llegado 2.166 inmigrantes y refugiados.

Los propagandistas burgueses intentan vincular el éxodo sirio a la violencia del Estado Islámico. Pero el problema de los refugiados de la guerra de Siria existe desde 2011. Y es que Assad asesina todos los días a miles de niños y a sus padres ya sea que reclamen alimentos, trabajo o libertad. Según la ACNUR, en julio de 2014, antes de la ofensiva desatada en Iraq y Siria por parte del EI, ya había 3 millones de refugiados sirios en la región. De los 9-10 millones de sirios que han sido desplazados de sus hogares, alrededor de 5-6 millones son desplazados internos en un país devastado por la guerra. Entre 3 y casi 4 millones de sirios viven en Jordania, en el Líbano, en Turquía, en Egipto. Se estima que de los 9 millones de desplazados sirios internos y exiliados en los países de la región, unos 4 millones de ellos pugnan por llegar a Europa. Y la decisión de los refugiados de desplazarse a Europa está relacionada sobre todo con la disminución de las ayudas económicas a los refugiados (en Turquía, Líbano y Jordania) por parte de Europa y EEUU.

La marea de refugiados no escapa sólo de países asolados por la guerra. La desocupación y el hambre expulsa miles de pobres de Costa de Marfil, República Centroafricana, Congo, Sudán, Eritrea, Somalia, Yemen y Ucrania.

Los responsables de esta situación son los gobiernos imperialistas yanky y europeos, que condenan al hambre a las masas de los países semicoloniales, cuando no a la muerte directa con sus ataques militares en el Medio Oriente y en África.

La preocupación que los gobiernos europeos muestran ahora por la “crisis humanitaria”, es pura demagogia.  Los acuerdos de Dublín, establecen que el primer país al que llegan los refugiados es el responsable de acogerlos. Pero el agravamiento de la crisis, con Grecia, Hungría o Italia, completamente desbordados por la afluencia de miles de personas, los puso en cuestión. Alemania se previene de una afluencia masiva, proponiendo planes para distribuir la carga de los refugiados entre los países de la UE, con un límite de 160.000 personas, con preferencia de profesionales universitarios y medios para alimentar sus empresas y maquinaria estatal capitalista con mano de obra especializada que le ahorra un capital en su formación y representa además un saqueo adicional de las riquezas de los países de donde provienen los refugiados, agravando su y penosa condición de países coloniales y semicoloniales. Pero sobre todo perfeccionan las restricciones de las leyes migratorias para frenar la llegada masiva de refugiados y acelerar las expulsiones de aquellos a quienes no les conceden el derecho de asilo. La creación de una lista de países “seguros” que no se encuentran en guerra -entre los que figuran los países europeos que no integran la UE- permitirá la repatriación de los que son calificados como inmigrantes, que huyen por la desesperante situación económica, dividiéndolos de los considerados como refugiados porque proceden de países en guerra, como Siria, Irak, Yemen o Ucrania.

Como es lógico la mayoría de los refugiados pugnan por llegar a los países que se encuentran en mejor situación económica como Alemania, Reino Unido, Dinamarca, etc.

El presidente de la CE, Jean-Claude Juncker planteó en el Parlamento europeo la importancia de implementar vías legales de inmigración hacia un continente envejecido como el europeo, cuya población se reduce. También adelantó que la Comisión va a presentar un plan en este sentido a principios de 2016. El gobierno alemán afirma que apoya las propuestas de Juncker. La canciller Angela Merkel dijo que “aquellos que buscan asilo y a quienes se les reconoce el derecho de asilo necesitan nuestra ayuda. Y hay que integrarlos rápidamente”. Pero limitadamente, sólo a quienes se les reconoce el derecho de asilo, con un cupo arbitrario planteado de antemano (160 mil de los más de 500 mil inmigrantes que se espera lleguen este año). Del grueso de la masa de refugiados ninguno de estos gobiernos quiere hacerse cargo.

Los miles de refugiados que cruzaron las fronteras de Croacia, Eslovenia y Hungría, son enviados de unos países a otros en ómnibus y trenes.

El gobierno del Reino Unido (Inglaterra) propone penas de cárcel a los inmigrantes ilegales y a aquellas personas que los alojen, mientras que el Parlamento de Dinamarca votó la reducción de la ayuda a los refugiados en ese país.

La redistribución que discute la Comisión Europea -comandada por Alemania- es rechazada por Hungría, Eslovaquia, Polonia y República Checa. En sus fronteras hay un endurecimiento represivo de los controles, como las penas de 5 años de cárcel para aquellos que crucen ilegalmente, o  el muro de alambre de púas que separará a Hungría de Serbia controlado por el ejército, y otros más que construirá en sus límites con Rumanía y Croacia. Alemania ha suspendido el tratado de libre circulación en toda la Unión Europea, llamado “tratado de Schengen” -violado ya de hecho por varios países- y ha advertido a Italia para que fortalezca el control de los emigrantes en la frontera ítalo-austriaca en la región del Brennero.

La crisis de los refugiados es otro factor que pone en evidencia que una unidad burguesa “igualitaria” de los países europeos es solo una ilusión. Europa está mostrando su verdadera cara, la de los intereses burgueses nacionales enfrentados, simbolizados en las fronteras resguardadas con muros y alambres de púas.

En los países europeos subordinados a las potencias imperialistas centrales (Grecia, Hungría, Eslovaquia, Polonia y República Checa, etc.), que el mantenimiento de los refugiados corra por cuenta de las empresas imperialistas que se lucran con la guerra y la explotación de las riquezas de países como Siria, Irak y Afganistán y de los países responsables de las guerras como los EEUU, Francia, Inglaterra, Rusia, Alemania, Italia y España.

El crecimiento de partidos de extrema derecha como el UKIP en Reino Unido, el Frente Nacional en Francia, los movimientos neonazis en Alemania, el Partido Popular Danés, el Jobbik en Hungría, Amanecer Dorado en Grecia, el partido Ley y Justicia de Polonia o el FPO de Austria, reflejan la radicalización pro-fascista de un sector de clase media. Estos partidos utilizan el miedo a la desocupación para profundizar la división entre los trabajadores nativos, los inmigrantes ya residentes y los cientos de miles que llegan desesperados a Europa, utilizándolos como “chivos expiatorios” de la crisis, para evitar que las masas trabajadoras reconozcan en el imperialismo capitalista, el verdadero responsable de las tragedias que sufrimos los explotados y oprimidos.

En Alemania, en las últimas semanas, se han multiplicado las manifestaciones racistas y ataques fascistas, contra centros de refugiados.

Pero también hay movilizaciones de solidaridad con los refugiados: 10 mil personas se movilizaron en Dresde, más de 20 mil en Viena, y en menor medida también en Barcelona, Madrid y otras ciudades españolas, coreando la consigna “Bienvenidos, refugiados”. En Alemania y otros países, sectores populares se solidarizan con los refugiados, acercándoles agua, ropa y comida.

La vanguardia de la clase obrera tiene que levantar un programa de defensa de los derechos de los refugiados, y luchar para que las organizaciones obreras y democráticas populares lo tomen.

Hay que luchar por el asilo sin restricciones para todo el que lo solicite, con plenos derechos sociales y políticos; la anulación de las reaccionarias leyes de extranjería, el cierre de los campos de concentración y la apertura de las fronteras para todos los refugiados de la guerra y el hambre; y un plan de emergencia que incluya subsidios de asistencia humanitaria para todos los inmigrantes, construcción de viviendas, escuelas y hospitales.

El racismo y la xenofobia son exacerbados para dividir a la clase trabajadora entre nativos e inmigrantes. La precaria situación de los que alcanzan a traspasar las fronteras como inmigrantes “sin papeles” los empuja a aceptar las peores condiciones laborales. La burguesía aprovecha su desesperación para ejercer también una presión a la baja sobre las condiciones laborales del resto de la clase obrera.

Es por ello que los sindicatos tienen que defender la unidad de la clase trabajadora sin distingo de raza o credo, luchando por el reparto de las horas de trabajo sin pérdida salarial, con un salario mínimo igual a la canasta familiar, y la igualdad de derechos laborales para todos los refugiados-inmigrantes, incorporándolos a la organización sindical.

Frente a los ataques de grupos fascistas y la represión estatal, hay que impulsar la organización de comités de autodefensa que puedan garantizar la seguridad de los refugiados.

Esta enorme catástrofe social, al igual que los sufrimientos y muertes de los migrantes latinos hacia los Estados Unidos, es el resultado de la expoliación, las hambrunas y los ataques imperialistas en los países semicoloniales de las cuales hoy huyen centenares de miles de personas. Es la expresión de la barbarie provocada por la descomposición económico-social capitalista a causa de la crisis, las guerras, la decadencia del imperialismo capitalista.

La propaganda imperialista de que los sirios huyen de las atrocidades del EI (lo  que es solo la parte más pequeña de la verdad y mucho menor en relación a las atrocidades de la guerra cometidas por el imperialismo y Al Assad y al saqueo de sus riquezas y a la destrucción de la infraestructura en países como Irak, Siria y Afganistán), le sirve para preparar nuevos ataques a Siria con el argumento de combatir al yihadismo. Francia ya efectivizó su declarada adhesión a los bombardeos sobre el EI en territorio sirio, y el Parlamento de Inglaterra está discutiendo lo mismo. El presidente ruso Vladimir Putin, luego de reunirse con Obama en la ONU, también autorizó bombardeos en Siria. Sus ataques tuvieron como blanco tanto al EI, como a otras fuerzas yihadistas que combaten contra el gobierno de Al Assad, al que Rusia apoya. Tras estas intervenciones de Rusia, el gobierno iraní anunció el envío de tropas para combatir junto a las fuerzas militares de Al Assad y del Hezbollah. En realidad, estas intervenciones militares directas son movimientos en los que cada país se ubica en una posición de fuerza antes de que empiecen las negociaciones ya que ninguno de estos países quiere quedar afuera del próximo reparto de Siria.

La intervención de Rusia no tienen nada que ver con un apoyo desinteresado al pueblo Sirio –como opinan todos los que le capitulan a Al Assad, y que ven en el gobierno ruso un factor progresivo inexistente-, sino en defensa de los propios intereses de la burguesía rusa y del gobierno de Putín. Pero es que Putín, tiene una fuerte relación con Assad desde los tiempos de su padre y mantiene la única base militar rusa fuera de sus fronteras. En su competencia con el imperialismo por la defensa de mercados “amigos”, Putín quiere asegurarse no solo mantenerse en Siria sino fortalecer su presencia en la región. El posicionamiento militar ruso en Siria va en contra de los intereses inmediatos y estratégicos del pueblo sirio y de su resistencia contra el dictador Al Assad. Por su parte el gobierno turco de Erdogán, interviene militarmente contra Al Assad para ubicarse también como una potencia regional del mismo peso que Irán, Arabia Saudita, Egipto. Sus ataques militares parcialmente dirigidos contra el ISIS que ocupa zonas fronterizas al sur de Turquía, le sirven además de cobertura para atacar al pueblo kurdo y al PKK, que ha debido romper la tregua y retomar la lucha militar.

Luego de los acuerdos entre EE.UU. e Irán, estos países con Rusia y Alemania están desarrollando una negociación para poner fin a la guerra en Siria, incluso Putín ha conversado con Netanyau para acordar que no se produzcan encontronazos militares, ni la interferencia de Rusia en los ataques que Israel conduzca en suelo sirio, como ya se ha producido, sin respuesta por parte de las fuerzas militares rusas. El secretario de Estado de EE.UU, John Kerry planteó  que poner fin a la guerra es esencial para solucionar la crisis migratoria en Europa, y afirmó que “Steinmeier  (su homólogo alemán, Frank-Walter Steinmeier) y yo estamos de acuerdo en que un apoyo militar sostenido al régimen por Rusia o cualquier otro país podría atraer a más extremistas y fortalecer a Assad, obstaculizando el camino a una solución”, e insistió en que no puede “haber una solución sin una transición en el poder”, lo que implicaría necesariamente que Assad abandone el poder.

Desde la primera guerra mundial el imperialismo arma y desarma según sus propios intereses las fronteras de los países del mundo semicolonial. La actual liquidación de las fronteras trazadas por el acuerdo de Sykes-Picot, por la creación del califato del Estado Islámico, es una demostración de que las fronteras trazadas artificialmente no significan ninguna solución para la cuestión de las nacionalidades, sino un agravamiento de las contradicciones entre los intereses imperialistas y las burguesías regionales.

En la época imperialista de decadencia y agonía del capitalismo, no se puede terminar con las guerras -que son tan inevitables como las crisis-, sin derrocar a los regímenes burgueses que las provocan. La clase obrera es la única clase internacional. Sólo la clase obrera en el poder, apoyada en las masas del pueblo pobre, instaurando estados obreros, podrá avanzar hacia la unidad de las masas trabajadoras y populares primero en la forma de federación de las repúblicas socialistas, como transición hacia la disolución total de los estados y por ende de las fronteras. Construir el partido socialista revolucionario, como parte de una Internacional marxista es una tarea esencial para lograr la derrota del imperialismo y la construcción del socialismo.

PARTIDO DE LA CAUSA OBRERA – ARGENTINA

CORRIENTE SOCIALISTA REVOLUCIONARIA – EL TOPO OBRERO

25/10/2015

@csreltopoobrero

www.csr-eltopoobrero.org

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