“Marxismo nacional-populista” y el trabajo potenciado. Por: Rolando Astarita

Desde hace varios años he mantenido una polémica con todo un abanico de marxistas que niega la noción de trabajo potenciado (alternativamente, trabajo despontenciado), asociado a los diferenciales de productividad al interior de una rama. Se trata de un concepto clave en la teoría de Marx, ya que da cuenta de cómo se originan las plusvalías extraordinarias. Pero también echa luz acerca de cómo se forma la renta diferencial de la tierra; cuando Marx explica su origen y naturaleza, parte de la noción de plusvalía extraordinaria. En sustancia, se trata de la misma cuestión.

El problema a través de dos casos sencillos

Lo básico del concepto de trabajo potenciado se puede explicar a partir de un ejemplo teórico muy sencillo. Ya lo he presentado en otras oportunidades, bajo diversas formas, y vuelvo a hacerlo ahora.

Supongamos una sociedad de productores simples de mercancías en la que hay 20 ramas. En cada una de esas ramas hay 10 productores que producen las mercancías A, B,… T, empleando en todas ellas las mismas 10 horas de trabajo simple. Supongamos también que cada hora de trabajo social objetivado (o sea, de valor) se expresa en $10; de manera que cada mercancía vale $100. Las relaciones de intercambio entre todas las mercancías son entonces 1:1 (bajo el supuesto de que la producción es proporcional a la demanda socialmente establecida). Por lo tanto, no hay manera de que haya transferencia de valor de un productor a otro; lo que cada uno realiza en el mercado es igual a lo que ha generado con su trabajo.

Supongamos ahora que el productor Juan, de la rama A, por mejora en el método de producción, logra hacer la mercancía A en 8 horas de trabajo, y el resto de los productores de A no accede a esa nueva tecnología. Dado que no se altera la demanda, Juan puede vender A en $100. Por lo tanto, con 8 horas de trabajo obtiene $100 (encarnación de 10 horas de trabajo socialmente necesario). La pregunta que se plantea entonces es cómo Juan puede mutar 8 horas de trabajo individual en 10 horas de trabajo social objetivado. La respuesta de Marx es precisa: dado que el valor es tiempo de trabajo socialmente necesario, el trabajo de Juan, que utiliza una tecnología superior a la que rige el tiempo de trabajo social, genera más valor por unidad de tiempo que los otros productores de A. En otros términos, su trabajo se ha potenciado.

Esa explicación de Marx es rechazada por muchos marxistas, porque sostienen que 8 horas de trabajo individual no pueden generar más que 8 horas de valor. Afirman, por lo tanto, que el plus de 2 horas de valor que recibe Juan, “debe” venir de algún otro lado. Sin embargo, en este ejemplo no hay forma de que se produzca esa transferencia, ya que los 9 productores restantes de A, y cada uno de los 190 productores de las otras ramas siguen recibiendo $100 por 10 horas de trabajo. De manera que los críticos de la noción de trabajo potenciado no pueden responder este sencillo problema.

Supongamos ahora el caso inverso: por la razón que sea, Juan ve disminuida su productividad, y emplea 12 horas, en lugar de 10, para producir A. Pero al llegar al mercado debe vender A por $100, que es el precio establecido por el tiempo de trabajo social predominante en la rama. Dado que trabajó 12 horas, ¿ha generado por eso 2 horas de valor “extra”? Los críticos de la noción de trabajo potenciado sostienen que sí. Pero… ¿dónde están esas 2 horas de valor “extra”? Respuesta: en ningún lado porque no existe ese valor “extra”. Es que ningún productor puede apropiarse de más valor del que generó si vende su mercancía a $100. Y no hay ninguna razón para que alguno venda a más de $100. Pero si el valor no se encarna en el precio, y no se realiza en la venta, no existe en tanto trabajo objetivado. Por eso Juan no ha generado, con sus 12 horas de trabajo individual, 12 horas de valor, sino 10. No hay valor “extra” de 2 horas que pueda apropiarse nadie. De nuevo, los críticos no pueden responder. Observemos que estamos al nivel más primario de comprensión, el capítulo 1 del tomo 1 de El Capital.

Una vez más, el texto de Marx

Naturalmente, ningún marxista tiene por qué aceptar una tesis con la que no está de acuerdo por el hecho de que la haya formulado Marx. Siempre hay que sopesar los razonamientos, y cada cual deberá evaluar la capacidad explicativa de las teorías según su criterio, y no según algún principio de autoridad. De todas maneras, vale la pena citar los pasajes en los que Marx presenta la noción de trabajo potenciado. El más conocido está en el capítulo 10 del tomo I de El Capital: “El trabajo cuya fuerza productiva es excepcional opera como trabajo potenciado, esto es, en lapsos iguales genera” (o crea, schafft en el original alemán) “valores superiores a los que produce el trabajo social medio del mismo tipo” (pp. 386-7, t. 1, Siglo XXI; énfasis agregado). Este texto fue publicado por Marx, y se mantuvo durante las cuatro ediciones de El Capital. Jamás consideró que debiera reformarlo, o que no encajara en su teoría del valor. Los críticos lo barren debajo de la alfombra.

También en otro texto, menos conocido, y refiriéndose a un productor que emplea una tecnología superior, Marx escribe: “Mediante la excepcional fuerza productiva que el trabajo obtiene aquí a diferencia del trabajo medio en el mismo ramo de actividad, se convierte, en relación a éste, en trabajo superior, de modo que, por ejemplo, una hora laboral suya es igual a 5/4 de una hora laboral de trabajo medio, a trabajo simple a una potencia superior. Un número menor de horas de trabajo resulta igual a un número mayor de horas del trabajo medio” (Capital y tecnología. Manuscritos inéditos 1861-1863, pp. 38-9, México, Terra Nova, 1980; énfasis añadido).

Agrego que estos pasajes están en consonancia con la noción de renta diferencial, del capítulo 38 del tomo 3 de El Capital (sobre renta diferencial y plusvalía extraordinaria, ver aquí y aquí; también aquí). 

Razones ideológicas: marxismo nacional-populista

A pesar de los argumentos, los críticos siguen negando la noción de trabajo potenciado. No les preocupa que no pueden resolver un problema tan elemental como el presentado. También pasan por alto el ejemplo que da Marx, en el capítulo 1 de El Capital, de los tejedores manuales ingleses que producían menos valor por hora de trabajo que los productores que empleaban telares mecánicos. Y así podría seguir. Lo cual me lleva a preguntarme si no hay algo más que los argumentos razonados, o la evidencia (¿acaso nadie “vio” un productor tecnológicamente adelantado vendiendo al precio establecido en la rama y haciendo una ganancia extraordinaria?).

Llegado a este punto, parece conveniente recordar el origen de esta polémica. Todo parte de mi crítica a la tesis de Mandel, Shaikh y Carchedi, del intercambio desigual. Estos autores dejaron de lado la noción de trabajo potenciado (o despontenciado) para argumentar que las empresas de los países tecnológicamente atrasados generan más valor que las empresas avanzadas de los países desarrollados, y que ese plus es apropiado por los países adelantados. Mi enfoque, en cambio, niega que exista ese intercambio desigual, al menos en el caso –que es el más general- de competencia intraindustria, asumido por Mandel, Shaikh y Carchedi. La razón está contenida en el ejemplo de Juan produciendo A en 12 horas cuando en la rama priman 10 horas.

Pero a la cuestión del intercambio desigual se sumó el problema de la renta agraria. Es que en Argentina y en otros países de América Latina muchos marxistas sostienen que la renta no es plusvalía generada por el trabajo agrícola, sino apropiación de plusvalía generada en la industria, a través de un precio impuesto por poder de monopolio. El profesor Juan Iñigo Carrera es el principal sostenedor de esta tesis (ver las notas referenciadas). Es una explicación que nos lleva de Marx (y Ricardo) a Adam Smith y Malthus.

Como era de esperar, la sumatoria de “intercambio desigual” y “renta explicada por monopolio” da como resultado un extendido lobby de marxistas que se resisten a aceptar la noción de trabajo potenciado (o despotenciado). Frente a esto, a esta altura estoy convencido de que en este rechazo subyace una razón política e ideológica. Es que los críticos de la idea de trabajo potenciado se dan cuenta de que si aceptan la tesis de Marx estarían obligados a poner en el primer plano la explotación de clase, y no la supuesta explotación de países. Pero de esta manera no habría espacio para coquetear con el nacionalismo progre-izquierdista, con el que tantos se sienten a gusto. De la misma manera, aceptar la tesis de Marx de que la renta surge del precio de producción, los obligaría a separarse de la vulgata populista que dice que “la burguesía industrial es explotada por la oligarquía terrateniente”. Al respecto, no es casualidad que el actual ministro de Economía del gobierno K, el doctor Axel Kicillof, y la actual embajadora argentina en Washington, Cecilia Nahón, hayan escrito en su momento sesudos artículos basados en la tesis de la renta agraria de Iñigo Carrera. Pero la idea se extiende a otros países latinoamericanos. Estamos instalados en el mainstream de la izquierda “políticamente correcta”. De ahí la inclinación a negar el concepto de trabajo potenciado. Alternativamente, también están los que dicen que el asunto no tiene importancia, que se trata de “polémicas de cascarrabias”. Como suele suceder, la punta de lanza del oportunismo en teoría y en política es el abandono del rigor científico.

En definitiva, soy consciente de que estoy nadando contra la corriente al plantear el asunto de trabajo potenciado. Por eso, no es una discusión que vaya a resolverse con el solo peso de argumentos y lógica. Los críticos de la idea de trabajo potenciado saben (o intuyen) que si conceden en que la postura de Marx es coherente con la teoría del valor, se meten en un terreno peligroso para sus compromisos (en muchos casos, no solo discursivos) con el nacional-populismo burgués.

NOTA: La Pipa Rota invita a visitar el blog del Prof: Rolando Astarita: rolandoastarita.wordpress.com

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