Ya no queremos seguir siendo mandados. Por: Pablo Martínez

“Cuando desde Chiapas se nos enseña que “los que mandan deben mandar obedeciendo”, se indica con extrema precisión esta función de servicio del funcionario (el que cumple una función) político, que ejerce como delegado del poder obediencial” (Dussel, 2010).

La militancia revolucionaria de base está llegando al límite de su paciencia, se está cansando de recibir “líneas”, de cumplir con las exigencias de “lealtad”, de satisfacer los caprichos de grupúsculos oportunistas, se hastía del chantaje sistemático que apela a una supuesta “unidad” que mete en un mismo saco a “empresarios patriotas”, jóvenes “arrepentidos” de su fascistoide militancia derechosa, jerarcas opulentos, y arrogantes eruditos de la política.

 A la militancia de base no le hacen falta estudios de opinión detallados y con muestras representativas para saber que existe un descontento creciente en el pueblo trabajador y los estudios de opinión existentes no son para nada de fiar, la realidad lo ha demostrado en numerosas oportunidades. Algunas opiniones de “peso” por así decirlo, han sido expresadas, como es el caso de las recomendaciones hechas por José Vicente Rangel, quien hizo un llamado al gobierno a abrirse más al país real y puntualizó que existe “un denso malestar en la población”. También Luis Brito García ha hecho lo propio, quien dice que hay que tomar medidas en el ámbito económico y que retrasar las mismas puede traer consecuencias en el ámbito electoral.

Pero quienes mandan parecen no escuchar ni la voz del pueblo, ni la de los intelectuales. Por el contrario, los jerarcas de bajo, medio y alto nivel padecen de una grandiosa arrogancia y prepotencia que se evidencia en la toma de decisiones unilaterales, desacertadas e impopulares, que únicamente se orientan en función de beneficios personalísimos y aunque “suman” los votos de los pocos que se ven beneficiados directamente por tales decisiones, RESTAN a las grandes mayorías que quedan fuera de éstas.

Los consejos comunales son despojados de cualquier vestigio de poder y son convertidos en un chivo expiatorio, los consejos de trabajadores no tienen prácticamente ninguna participación en la toma de decisiones fundamentales en las empresas donde hacen vida y terminan siendo tutelados por la estructura jerárquica del centro de trabajo, esta situación se repite de manera similar en las diferentes formas de organización existentes.

Estamos viviendo un movimiento retrogrado en cuanto al impacto que podía tener el poder popular en la toma de decisiones o al menos en la interpretación por parte de la dirigencia de los anhelos del pueblo trabajador, el llamado es a reorganizar la fuerza, a elevar la voz de protesta ante esta situación. Hay que tener en cuenta que si no se canaliza el creciente malestar existente en la masa trabajadora, ésta puede ser presa de la derecha neoliberal y caer ante sus cantos de sirena.

Ni capitalistas, ni burócratas, todo el poder para el pueblo trabajador.

Pablo Martínez
Trabajador – Estudiante.

pablojosemartinez@gmail.com
Twitter: @PabloMCh

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